
6 RESPUESTAS
Para cuando llegó mi abuela ya me encontraba abajo en salón viendo la tele con mis padres. Estaba en mi lado favorito del sofá, donde hace la L, tumbada, mirando hacia la tele, mi madre en el portátil terminando unos informes, sentada en el escritorio que se encuentra detrás del sofá y mi padre leyendo el periódico de hoy en su sillón preferido.
En realidad no estaba viendo la tele, solo estaba pensando qué le iba a decir a mis padres sobre la visión y a mi abuela. No lo tenía nada claro, pero tenía que resolver esta situación, antes de que se me escapara de las manos como pasó con Aarón.
Sonó el timbre e inconscientemente me senté adecuadamente, preparándome para recibir a mi abuela. Mi madre fue la que abrió la puerta y segundos después apareció mi abuela por la puerta del salón casi corriendo hacia mí. Me dio como una treintena de besos por toda la cara, algunos hasta en el oído donde me dejaban medio sorda.
Para cuando llegó mi abuela ya me encontraba abajo en salón viendo la tele con mis padres. Estaba en mi lado favorito del sofá, donde hace la L, tumbada, mirando hacia la tele, mi madre en el portátil terminando unos informes, sentada en el escritorio que se encuentra detrás del sofá y mi padre leyendo el periódico de hoy en su sillón preferido.
En realidad no estaba viendo la tele, solo estaba pensando qué le iba a decir a mis padres sobre la visión y a mi abuela. No lo tenía nada claro, pero tenía que resolver esta situación, antes de que se me escapara de las manos como pasó con Aarón.
Sonó el timbre e inconscientemente me senté adecuadamente, preparándome para recibir a mi abuela. Mi madre fue la que abrió la puerta y segundos después apareció mi abuela por la puerta del salón casi corriendo hacia mí. Me dio como una treintena de besos por toda la cara, algunos hasta en el oído donde me dejaban medio sorda.
-¡Ay mi niña! ¿Cómo estás? ¿Te duele? ¿Pero se puede saber cómo te has hecho semejante raja? – Parecía sobreexcitada, como si le hubiesen dado una dosis de adrenalina.
-Abuela tranquila, estoy bien. Y no…no me duele. – Se iba acercando el momento de decirles la verdad.
- Pero ¿me vas a decir cómo te lo has hecho?
-Se cayó y se golpeó contra una roca. – se adelantó mi madre.
-Bueno…la verdad…es que…caerme exactamente no fue.
-¿Cómo que no? – Mi padre soltó el periódico y me miró estupefacto.
-La parte corta es que…me obligaron a golpearme con la piedra. – mi abuela intuía más o menos hacia donde se estaba dirigiendo la situación.
-Sigue. – Me animó mi madre.
-A ver…hay un chico que me provocaba dolor de cabeza, no sé por qué. Por lo que fui a contárselo y sin saber por qué, él se puso muy rígido… - me costaba contar lo que proseguía – y sentí…como mi mente huía de la mía. Entonces sin yo querer, cogí aquella piedra y me golpeé la cabeza con ella. – De repente, los rostros de mis padres y mi abuela se volvieron de puro terror, como si supiesen exactamente de que les estaba hablando. Cosa que no me extrañaba, al haber visto esa conversación en la hamburguesería.
Les conté la parte corta de la historia, pero no hizo falta nada más. Después de esto vinieron muchas preguntas más.
-Cariño… ¿sigues soñando todas las noches? A nosotros nos lo puedes contar. – La voz de mi madre estaba empezando a sonar alarmada.
No sabía si responder. ¿Sería la hora de que me contaran todo? ¿De aprender a luchar? ¿Estaba realmente preparada para eso? Si ni siquiera sabía la historia de todo aquello. Me estaba acobardando.
-Allegra por favor, es muy importante. ¿Sigues soñando o no? – de nuevo insistió mi padre.
-¿Por qué tanta importancia? ¿Qué pasa aquí? ¿Qué es lo que ocultáis? - empezaba a desconfiar de todos. Sentía miedo de saber la verdad.
-Si nos respondes a las preguntas que te hagamos te juro que te voy a contar toda la verdad.
Me mostré dubitativa, pero finalmente asentí.
-Desde hace un par de semanas no recuerdo nada de lo que sueño. Es como si cayera inconsciente y no me enterara de nada.
-Y…por consecuencia de dejar de soñar, ¿has notado que se ha desarrollado otra parte de tu mente? – Seguía preguntando mi abuela.
-Como…. ¿Tener visiones? – Había dado en el clavo. Mi madre empezó a llorar. Mi padre andaba de un lado hacia otro por el salón y mi abuela me miró con ojos de experiencia.
-Abuela… ¿Qué ocurre? ¿Por qué me pasa esto? Quiero respuestas.
-Antonio, Silvia…por favor, dejadnos a solas. Es hora de la verdad. – mis padres abandonaron el salón abrazados y desconsolados.
-A ver cariño…todo lo que te voy a contar no se lo debes decir a nadie ¿De acuerdo? – Asentí – Y debes recordar todo lo que te cuente. A partir de ahora nos vamos a ver mucho.
-Abuela empieza. – empezaba a estar impaciente.
-Hace más de diez siglos atrás, nuestros parentescos empezaron a desarrollar una serie de poderes sobrenaturales. Todo en torno a la mente. Los poderes de éstos únicamente se usaban para hacer el bien y ayudar a la gente. Estos poderes se transmitían por sangre, saltándose una generación. Mi abuela tuvo esos poderes, ella se los pasó a mi madre pero no los desarrolló, mi madre me los pasó a mí, yo a tu madre y tu madre a ti. Por lo que tú eres la generación que te toca desarrollarlos. Esos poderes suelen ser visiones o sueños premonitorios, unida a la habilidad de manejar la espada y una velocidad superior a los demás.
>>Hay poderes que aparecen cuando se llega a la madurez del cerebro y otras simplemente es cuestión de entrenarse y sacar el instinto. Pero no todo fue siempre tan bonito y simple. Pronto, se dieron cuenta de que existía otra especie de poder, un poder malvado. Obligaba a la gente hacer cosas que no querían. Tenían la capacidad de meterse en la mente de los demás y hacer lo que ellos quisieran. Aunque también servía algunas veces para ayudar, siempre lo usaban para su bienestar y su egoísmo. Se creó una guerra entre ambos bandos, donde hoy en día aún perdura. Los inmunitas, que somos nosotros ya que su poder no nos puede alcanzar si estamos bien desarrollados, nos defendíamos viendo cuáles eran sus siguientes movimientos y los attaks usaban sus mejores armas, la espada y su arma letal. Usaban a los seres queridos de los inmunitas para que lucharan contra ellos mismos. Esto siempre desconcertaba a los inmunitas pero para eso estaba el entrenamiento para no dejarse llevar por ninguna emoción.
>>Llevamos más de diez siglos intentando parar esta batalla, pero siempre se nos pasa los años luchando y esos poderes desaparecen, como me ha ocurrido a mí. No hay manera de abandonar. Es el destino quien eligió este camino y hay que luchar irremediablemente. Mi objetivo ahora es que aprendas a luchar, a sacar los instintos que están dentro de ti y a aprender a manejar cuando quieres que sucedan las visiones.
Estaba estupefacta, anonadada, boquiabierta. Desde luego no me esperaba nada de esto.
-En cuanto a ese chico del que nos has hablado. Debes alejarte de él lo máximo que puedas. Supongo que por los dolores de cabeza que te causaba, es también novato y está empezando a desarrollar sus poderes, por lo que tampoco controla lo que hace. Allegra, ese chico es muy peligroso. Puede hacerte mucho daño. Debes evitarlo lo máximo posible. Si está en tu instituto, les pediremos a tus padres que te cambie. Si está cerca de ti demasiado tiempo y peor aún, si se enfada, puede llegar a matarte desde dentro de ti. Además si él le cuenta a sus padres quién eres, hay que empezar a prepararte ya. No tardarán mucho en ir a por ti.
Perfecto…ahora ya no podría ver a Aarón salvo para matarnos mutuamente…Un momento. ¿Qué estoy diciendo? ¿Se supone que me importa? Si me tenía que cambiar de instituto estaría encantada, pero eso significaría no verlo. Allegra… ¿Qué semejantes tonterías estás pensando? ¿Desde cuándo te ha importado dejar de ver a un chico? Tiene que ser un lapsus. No me puede gustar y mucho menos él…que resulta ser uno de los attaks. Además después de tantas cosas que me ha causado… No puedo permitírmelo. Déjate de payasadas.
-A ver…que ordene mis ideas. Se supone que ahora tengo superpoderes, que éstos los tengo que entrenar para controlarlos. Que tengo que aprender a luchar y cuando esté lista ¿pretendes que me enfrente en una guerra en la cual no sé qué papel desempeño?
-Simplificando las cosas…sí. Y el papel que desempeñas cariño, es muy importante. Muy pocas personas quedan ya inmunitas y con suficiente poder para luchar.
-Y yo sola voy a poder contra… ¿cuántos? ¿Diez? ¿Veinte?
-No vas a estar sola. Cuando estés preparada, llamaremos a tus compañeros.
-¡Ah! Pero que tengo compañeros…eso ya me quita el peso de encima – utilicé mi tono sarcástico que tanto me identificaba.
Inspiré hondo varias veces. Necesitaba estar sola y ordenar todas mis ideas. Me sentía muy confundida.
-Abuela…yo necesito mi tiempo. Tengo que asimilar lo que me has contado y prepararme para lo que me espera. Lo puedes comprender ¿no?
-Claro que sí mi vida, pero recuerda, ese chico también empezará a dominar sus poderes y a ser más fuerte. No tenemos mucho tiempo.
Me dio un beso en la frente y se fue hacia la cocina, donde estaban mis padres. Subí a la buhardilla. Ese era mi lugar, donde me sentía yo. Donde podía pensar con claridad. La decoración no era mi favorita, ya que la escogieron mis padres. Color amanecer en las paredes, muebles de almacenamiento color madera clara. Estanterías llenas de libros. Ordenadores viejos en los escritorios. El sofá pequeñito con la tele y la videoconsola. Y el equipo de música. Siempre puesto con algunos de mis discos preferidos. Pero me sentía segura allí arriba.
Puse el aire acondicionado, ya que en verano siempre solía hacer un calor terrible. Coloqué en el equipo el disco de Muse, puse el volumen lo suficientemente bajo para poder pensar con claridad. Me tumbé en el sofá y me puse a comprimir ideas.
Empecemos por el principio de todo esto. Resulta que ese escalofrío que sentí de pequeña era algo del destino que me tenía que suceder. Los sueños de noche era el principio de mi desarrollo de los poderes. El dejar de soñar fue por la mejora de éstos. El dolor de cabeza cuando veía Aarón era que también estaba avanzando los suyos. La premonición fue el inicio de los poderes de verdad. Tenía que aprender a manejar la espada y a correr más veloz que un guepardo. Debía de prepararme para luchar con mis compañeros, los cuales también tenían mis mismos poderes. Y una vez listos emprender una guerra contra alguien que extrañamente empezaba a añorarle con tan solo pensar que no iba a estar.
Otra vez esa estúpida idea. Añorarle, pero ni siquiera habíamos tenido una conversación amable. Tanto terror que me ha causado…, pero claro eso ya sabía por qué había ocurrido. Esa mirada de confusión que tenía cuando nos encontramos en la ambulancia. ¿Lo estaba justificando? Pero si es mi enemigo. ¿Cómo puedo mirarlo de otra forma que no sea odio? Él cuando me miraba, parecía furioso conmigo. Mi cabeza me dice que tengo que alejarme de él. Pero desgraciadamente mi corazón no me dice lo mismo. Si nunca me había fijado en él antes como algo más que un compañero de instituto, ¿Por qué ahora tenía que ocurrir? Si antes era imposible, ahora mucho peor.
Después de tirarme más de dos horas arriba, decidí que ya era hora de bajar y hablar con mis padres y mi abuela para comenzar a organizarlo todo.
Llegué al salón pero no vi a mi abuela por ninguna parte. Mis padres después de razonarlo con ella estaban más tranquilos y serenos. Silvia volvía a escribir en el ordenador sus informes y Antonio estaba viendo un programa de televisión en el que había que averiguar la palabra mediante una serie de pistas.
-Mamá, ¿la abuela ya se ha ido? – mi voz sonaba quebrada debido a tirarme tanto tiempo sin hablar. Me miró con expresión amorosa.
-No, ha ido a la tienda a comprar unas cosas.
-Hum… - me encontraba en el primer escalón agarrada a la barandilla y con el cuerpo echado hacia delante. Una forma bastante desinteresada.
Mi madre caminó hacia mí. No parecía una mujer de treinta y nueve años. Se veía más madura e insegura de sí misma cuando se acercó. Me cogió de la mano, bajé el último escalón y nos abrazamos cariñosamente.
-Lo siento mucho Allegra. Tenía que habértelo dicho antes, pero es que no sabía cómo te lo ibas a tomar. Lo siento de verdad cariño. No teníamos que haber esperado hasta este punto, pero no sabíamos si ya… - no la dejé acabar. Le di un achuchón más fuerte. No era fácil aceptar lo que me habían contado, pero tampoco contarle a tu única hija que se tenía que jugar la vida sin tener otra elección.
Me llevó al espejo que había en la entrada de la casa. Allí nos encontrábamos las dos. Dos mujeres castañas. Una más joven que la otra. Yo, con los ojos rasgados color azul cielo. Ella, con aquellos ojos enormes añil que tanto me gustaban observar de pequeña. Una más alta que la otra. Silvia con líneas horizontales dibujadas en la frente. Allegra con aquel lunar debajo del ojo derecho que tanto identificaba la familia. Narices exactamente iguales, pequeñas, no muy marcadas y algo puntiaguda al final. Mi boca era pequeña y labios carnosos. Sus comisuras curvadas hacia arriba, el labio inferior más grande que el superior. Pintados desde esta mañana, color tierra rojo.
-Mírate y mírame a mí. Hija, se qué tienes fuerza suficiente para afrontar esto. No sabes cuánto me costó asimilarlo cuando me lo contó tu abuela. No podía aceptarlo, pero ahora que te veo, que ya eres toda una mujer, confío en ti más que nunca. Juntas, las tres, afrontaremos esto. Quiero que me lo cuentes todo. Quiero ayudarte. – su rostro era sereno. Pero la voz sonaba quebrosa, a punto de empezar a llorar.
- Mamá. Voy a luchar, voy a ser fuerte y voy a poder contra todos esos attaks que se me presenten. – intentaba convencerme a mí misma, de que podía. Lo iba a lograr.
-Abuela tranquila, estoy bien. Y no…no me duele. – Se iba acercando el momento de decirles la verdad.
- Pero ¿me vas a decir cómo te lo has hecho?
-Se cayó y se golpeó contra una roca. – se adelantó mi madre.
-Bueno…la verdad…es que…caerme exactamente no fue.
-¿Cómo que no? – Mi padre soltó el periódico y me miró estupefacto.
-La parte corta es que…me obligaron a golpearme con la piedra. – mi abuela intuía más o menos hacia donde se estaba dirigiendo la situación.
-Sigue. – Me animó mi madre.
-A ver…hay un chico que me provocaba dolor de cabeza, no sé por qué. Por lo que fui a contárselo y sin saber por qué, él se puso muy rígido… - me costaba contar lo que proseguía – y sentí…como mi mente huía de la mía. Entonces sin yo querer, cogí aquella piedra y me golpeé la cabeza con ella. – De repente, los rostros de mis padres y mi abuela se volvieron de puro terror, como si supiesen exactamente de que les estaba hablando. Cosa que no me extrañaba, al haber visto esa conversación en la hamburguesería.
Les conté la parte corta de la historia, pero no hizo falta nada más. Después de esto vinieron muchas preguntas más.
-Cariño… ¿sigues soñando todas las noches? A nosotros nos lo puedes contar. – La voz de mi madre estaba empezando a sonar alarmada.
No sabía si responder. ¿Sería la hora de que me contaran todo? ¿De aprender a luchar? ¿Estaba realmente preparada para eso? Si ni siquiera sabía la historia de todo aquello. Me estaba acobardando.
-Allegra por favor, es muy importante. ¿Sigues soñando o no? – de nuevo insistió mi padre.
-¿Por qué tanta importancia? ¿Qué pasa aquí? ¿Qué es lo que ocultáis? - empezaba a desconfiar de todos. Sentía miedo de saber la verdad.
-Si nos respondes a las preguntas que te hagamos te juro que te voy a contar toda la verdad.
Me mostré dubitativa, pero finalmente asentí.
-Desde hace un par de semanas no recuerdo nada de lo que sueño. Es como si cayera inconsciente y no me enterara de nada.
-Y…por consecuencia de dejar de soñar, ¿has notado que se ha desarrollado otra parte de tu mente? – Seguía preguntando mi abuela.
-Como…. ¿Tener visiones? – Había dado en el clavo. Mi madre empezó a llorar. Mi padre andaba de un lado hacia otro por el salón y mi abuela me miró con ojos de experiencia.
-Abuela… ¿Qué ocurre? ¿Por qué me pasa esto? Quiero respuestas.
-Antonio, Silvia…por favor, dejadnos a solas. Es hora de la verdad. – mis padres abandonaron el salón abrazados y desconsolados.
-A ver cariño…todo lo que te voy a contar no se lo debes decir a nadie ¿De acuerdo? – Asentí – Y debes recordar todo lo que te cuente. A partir de ahora nos vamos a ver mucho.
-Abuela empieza. – empezaba a estar impaciente.
-Hace más de diez siglos atrás, nuestros parentescos empezaron a desarrollar una serie de poderes sobrenaturales. Todo en torno a la mente. Los poderes de éstos únicamente se usaban para hacer el bien y ayudar a la gente. Estos poderes se transmitían por sangre, saltándose una generación. Mi abuela tuvo esos poderes, ella se los pasó a mi madre pero no los desarrolló, mi madre me los pasó a mí, yo a tu madre y tu madre a ti. Por lo que tú eres la generación que te toca desarrollarlos. Esos poderes suelen ser visiones o sueños premonitorios, unida a la habilidad de manejar la espada y una velocidad superior a los demás.
>>Hay poderes que aparecen cuando se llega a la madurez del cerebro y otras simplemente es cuestión de entrenarse y sacar el instinto. Pero no todo fue siempre tan bonito y simple. Pronto, se dieron cuenta de que existía otra especie de poder, un poder malvado. Obligaba a la gente hacer cosas que no querían. Tenían la capacidad de meterse en la mente de los demás y hacer lo que ellos quisieran. Aunque también servía algunas veces para ayudar, siempre lo usaban para su bienestar y su egoísmo. Se creó una guerra entre ambos bandos, donde hoy en día aún perdura. Los inmunitas, que somos nosotros ya que su poder no nos puede alcanzar si estamos bien desarrollados, nos defendíamos viendo cuáles eran sus siguientes movimientos y los attaks usaban sus mejores armas, la espada y su arma letal. Usaban a los seres queridos de los inmunitas para que lucharan contra ellos mismos. Esto siempre desconcertaba a los inmunitas pero para eso estaba el entrenamiento para no dejarse llevar por ninguna emoción.
>>Llevamos más de diez siglos intentando parar esta batalla, pero siempre se nos pasa los años luchando y esos poderes desaparecen, como me ha ocurrido a mí. No hay manera de abandonar. Es el destino quien eligió este camino y hay que luchar irremediablemente. Mi objetivo ahora es que aprendas a luchar, a sacar los instintos que están dentro de ti y a aprender a manejar cuando quieres que sucedan las visiones.
Estaba estupefacta, anonadada, boquiabierta. Desde luego no me esperaba nada de esto.
-En cuanto a ese chico del que nos has hablado. Debes alejarte de él lo máximo que puedas. Supongo que por los dolores de cabeza que te causaba, es también novato y está empezando a desarrollar sus poderes, por lo que tampoco controla lo que hace. Allegra, ese chico es muy peligroso. Puede hacerte mucho daño. Debes evitarlo lo máximo posible. Si está en tu instituto, les pediremos a tus padres que te cambie. Si está cerca de ti demasiado tiempo y peor aún, si se enfada, puede llegar a matarte desde dentro de ti. Además si él le cuenta a sus padres quién eres, hay que empezar a prepararte ya. No tardarán mucho en ir a por ti.
Perfecto…ahora ya no podría ver a Aarón salvo para matarnos mutuamente…Un momento. ¿Qué estoy diciendo? ¿Se supone que me importa? Si me tenía que cambiar de instituto estaría encantada, pero eso significaría no verlo. Allegra… ¿Qué semejantes tonterías estás pensando? ¿Desde cuándo te ha importado dejar de ver a un chico? Tiene que ser un lapsus. No me puede gustar y mucho menos él…que resulta ser uno de los attaks. Además después de tantas cosas que me ha causado… No puedo permitírmelo. Déjate de payasadas.
-A ver…que ordene mis ideas. Se supone que ahora tengo superpoderes, que éstos los tengo que entrenar para controlarlos. Que tengo que aprender a luchar y cuando esté lista ¿pretendes que me enfrente en una guerra en la cual no sé qué papel desempeño?
-Simplificando las cosas…sí. Y el papel que desempeñas cariño, es muy importante. Muy pocas personas quedan ya inmunitas y con suficiente poder para luchar.
-Y yo sola voy a poder contra… ¿cuántos? ¿Diez? ¿Veinte?
-No vas a estar sola. Cuando estés preparada, llamaremos a tus compañeros.
-¡Ah! Pero que tengo compañeros…eso ya me quita el peso de encima – utilicé mi tono sarcástico que tanto me identificaba.
Inspiré hondo varias veces. Necesitaba estar sola y ordenar todas mis ideas. Me sentía muy confundida.
-Abuela…yo necesito mi tiempo. Tengo que asimilar lo que me has contado y prepararme para lo que me espera. Lo puedes comprender ¿no?
-Claro que sí mi vida, pero recuerda, ese chico también empezará a dominar sus poderes y a ser más fuerte. No tenemos mucho tiempo.
Me dio un beso en la frente y se fue hacia la cocina, donde estaban mis padres. Subí a la buhardilla. Ese era mi lugar, donde me sentía yo. Donde podía pensar con claridad. La decoración no era mi favorita, ya que la escogieron mis padres. Color amanecer en las paredes, muebles de almacenamiento color madera clara. Estanterías llenas de libros. Ordenadores viejos en los escritorios. El sofá pequeñito con la tele y la videoconsola. Y el equipo de música. Siempre puesto con algunos de mis discos preferidos. Pero me sentía segura allí arriba.
Puse el aire acondicionado, ya que en verano siempre solía hacer un calor terrible. Coloqué en el equipo el disco de Muse, puse el volumen lo suficientemente bajo para poder pensar con claridad. Me tumbé en el sofá y me puse a comprimir ideas.
Empecemos por el principio de todo esto. Resulta que ese escalofrío que sentí de pequeña era algo del destino que me tenía que suceder. Los sueños de noche era el principio de mi desarrollo de los poderes. El dejar de soñar fue por la mejora de éstos. El dolor de cabeza cuando veía Aarón era que también estaba avanzando los suyos. La premonición fue el inicio de los poderes de verdad. Tenía que aprender a manejar la espada y a correr más veloz que un guepardo. Debía de prepararme para luchar con mis compañeros, los cuales también tenían mis mismos poderes. Y una vez listos emprender una guerra contra alguien que extrañamente empezaba a añorarle con tan solo pensar que no iba a estar.
Otra vez esa estúpida idea. Añorarle, pero ni siquiera habíamos tenido una conversación amable. Tanto terror que me ha causado…, pero claro eso ya sabía por qué había ocurrido. Esa mirada de confusión que tenía cuando nos encontramos en la ambulancia. ¿Lo estaba justificando? Pero si es mi enemigo. ¿Cómo puedo mirarlo de otra forma que no sea odio? Él cuando me miraba, parecía furioso conmigo. Mi cabeza me dice que tengo que alejarme de él. Pero desgraciadamente mi corazón no me dice lo mismo. Si nunca me había fijado en él antes como algo más que un compañero de instituto, ¿Por qué ahora tenía que ocurrir? Si antes era imposible, ahora mucho peor.
Después de tirarme más de dos horas arriba, decidí que ya era hora de bajar y hablar con mis padres y mi abuela para comenzar a organizarlo todo.
Llegué al salón pero no vi a mi abuela por ninguna parte. Mis padres después de razonarlo con ella estaban más tranquilos y serenos. Silvia volvía a escribir en el ordenador sus informes y Antonio estaba viendo un programa de televisión en el que había que averiguar la palabra mediante una serie de pistas.
-Mamá, ¿la abuela ya se ha ido? – mi voz sonaba quebrada debido a tirarme tanto tiempo sin hablar. Me miró con expresión amorosa.
-No, ha ido a la tienda a comprar unas cosas.
-Hum… - me encontraba en el primer escalón agarrada a la barandilla y con el cuerpo echado hacia delante. Una forma bastante desinteresada.
Mi madre caminó hacia mí. No parecía una mujer de treinta y nueve años. Se veía más madura e insegura de sí misma cuando se acercó. Me cogió de la mano, bajé el último escalón y nos abrazamos cariñosamente.
-Lo siento mucho Allegra. Tenía que habértelo dicho antes, pero es que no sabía cómo te lo ibas a tomar. Lo siento de verdad cariño. No teníamos que haber esperado hasta este punto, pero no sabíamos si ya… - no la dejé acabar. Le di un achuchón más fuerte. No era fácil aceptar lo que me habían contado, pero tampoco contarle a tu única hija que se tenía que jugar la vida sin tener otra elección.
Me llevó al espejo que había en la entrada de la casa. Allí nos encontrábamos las dos. Dos mujeres castañas. Una más joven que la otra. Yo, con los ojos rasgados color azul cielo. Ella, con aquellos ojos enormes añil que tanto me gustaban observar de pequeña. Una más alta que la otra. Silvia con líneas horizontales dibujadas en la frente. Allegra con aquel lunar debajo del ojo derecho que tanto identificaba la familia. Narices exactamente iguales, pequeñas, no muy marcadas y algo puntiaguda al final. Mi boca era pequeña y labios carnosos. Sus comisuras curvadas hacia arriba, el labio inferior más grande que el superior. Pintados desde esta mañana, color tierra rojo.
-Mírate y mírame a mí. Hija, se qué tienes fuerza suficiente para afrontar esto. No sabes cuánto me costó asimilarlo cuando me lo contó tu abuela. No podía aceptarlo, pero ahora que te veo, que ya eres toda una mujer, confío en ti más que nunca. Juntas, las tres, afrontaremos esto. Quiero que me lo cuentes todo. Quiero ayudarte. – su rostro era sereno. Pero la voz sonaba quebrosa, a punto de empezar a llorar.
- Mamá. Voy a luchar, voy a ser fuerte y voy a poder contra todos esos attaks que se me presenten. – intentaba convencerme a mí misma, de que podía. Lo iba a lograr.




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