jueves, 14 de enero de 2010

Capítulo 18. Aarón.


18 AARÓN
Allí estaba él. Irresistiblemente guapo. Vestido con unos vaqueros estrechos negros y una camiseta negra con dibujos en color cian. Su corta melena castaña estaba levemente alborotada dando un aspecto casual pero arreglado. Estaba apoyado en un tronco arqueado con apariencia a punto de caerse si no fuera tan grueso. Tenía las manos metidas en los bolsillos y un pie cruzado por encima del otro. Su rostro era perfecto, como siempre. Mostraba una sonrisa picarona y su mirada era divertida.
Iba dando cada paso con cautela pero decidida, mostrando indiferencia. Me metí las manos en los bolsillos imitándolo. Un juego de miradas como de tantas habíamos tenido a lo largo de todo estos meses. Pero éstas eran completamente distintas. Reflejaban amor, dulzura, diversión. Cuando estábamos a dos metros de distancia, no pudimos aguantar más. Se adelantó dando dos pasos y yo le seguí.
Nos abrazamos con toda la fuerza de la que fuimos capaces. Impidiendo casi respirar. Sentir nuestro calor. Parecía mentira que hubiese pasado un día sin verlo. Cada vez que estaba con él me daba la sensación de que nunca habíamos estado separados. Permanecimos así durante bastante tiempo. Con Aarón no eran tan imprescindibles los besos como sentir que estábamos unidos. Me retiré un poco de su pecho para poder ver esos ojos esmeralda que tanto me gustaban.
-Hola. – el tono de su voz fue muy suave y emanaba añoranza.
-Hola.
-¿Qué tal?
-Bien.
Parecía una conversación de besugos, pero no importaba. Ambos sabíamos que estábamos diciendo estupideces, que había mil cosas de las que hablar. Mientras charlábamos de cosas absurdas nuestros ojos sólo iban hacia los labios de cada uno. Empecé a reírme y me puse de puntillas para alcanzar esa boca que tanto había extrañado a lo largo del día. Aarón me correspondió y nos fundimos en un largo y tierno beso. Sus labios eran suaves, carnosos, especiales. Su lengua se movía con insistencia y la mía la imitaba. Demasiado tiempo separados, como para que en dos días se saciara todo el deseo que ambos sentíamos. Me aferré a su cintura mientras él sujetaba mi cara entre sus manos.
-Y pensar que me he perdido este dulce sabor de labios durante tanto tiempo. – musitó a un centímetro de mis labios.
-Por fin el soñar tantas noches con tus ojos tuvo su recompensa.
Después de un tiempo ilimitado besándonos nos sentamos en un tronco que había tirado en el suelo. Hasta ahora no me había fijado en el lugar tan maravilloso en el que estábamos. Los rayos de luna llena se filtraban entre las hojas iluminando, casualmente, sólo la parte de nuestro tronco. Dejando una oscuridad siniestra pero intensa en el resto del bosque. Éste estaba lleno de vida. El chirrido de un grillo envolvía la mayor parte del entorno, el canto de un búho de vez en cuando sonaba lejos de aquí. La brisa fresca hacía mover a las hojas produciendo el efecto sonido de lluvia. La visión nocturna no estaba muy desarrollada en los humanos por lo que te jugaba una mala pasada si mirabas un tiempo determinado a la profundidad del bosque. Se desdibujaban figuras humanas escondidas detrás de arbustos, la forma de una planta hacía confundir con el rostro de un payaso enfadado… aquello era escalofriante… y me encantaba. Estaba con la compañía adecuada para permitirme pasar miedo. Pero aún así hice caso omiso al resto del bosque y me concentré en la cara de la razón de mi vida.
-No te lo he dicho, pero estás preciosa. – me cogió de la mano y empezó a jugar con ella. Me sonrojé levemente.
-He cogido lo primero que he pillado.
-Pues tienes un gusto fantástico para escoger con rapidez. – esbozó esa sonrisa que ya se me estaba haciendo tan familiar.
-Gracias.
Estuve bastante tiempo dudando si contarle lo de esta mañana. Notaba cómo mientras yo miraba hacia otro lado intentando pensar con claridad él estudiaba mis facciones.
-Tú y yo juntos siempre. – me sobresalté al escucharle.
-¿Cómo?
-Vamos a hacerlo juntos. – habló con seguridad.
¿Lo sabía? ¿Entonces… se había enterado ya antes? ¿O había sido hoy mismo? ¿Estaba hablando de Isla de Luz? ¿O iba hacia otro lado? Tenía que asegurarme preguntando más.
-¿El qué? – enarqué una ceja, sin entender muy bien.
-Eso… - la certeza de antes se iba desvaneciendo poco a poco al ver mi expresión.
-¿Eso? – enfaticé. No estaba ya tan segura de que se estuviese refiriendo a Isla de Luz.
-Sí…lo quiero hacer contigo. – me guiñó un ojo. - Sabes a lo que me refiero ¿no?
-Ajá. – mentí. Me tenía totalmente confundida.
Si le hablaba de Isla de Luz puede que Aarón no supiese nada y si le hablaba de lo otro que estaba pensando y no era eso… me moriría de vergüenza. De nuevo… se quedó mirando mi rostro. Pero me tenía que asegurar más.
-¿Estás seguro?
-Allegra… no he estado más seguro en toda mi vida. Esto va a ser lo más especial que haga. Estaremos más unidos que nunca. ¿Y tú? ¿Lo tienes claro? – sus labios se pegaron a los míos en un beso leve.
-Esto… sí. Sé lo que quiero y lo que deseo es hacerlo…pero no ahora. – ya me había decantado por la segunda opción. Estaba hablando de sexo, estaba segurísima.
-Pues claro que ahora no princesa. Aunque tampoco será mucho más tarde. Estoy ansioso por empezar a practicar.
-Ah… ¿qué antes hay que practicar? – me di cuenta de que no sabía nada acerca del tema.
-Claro mi amor. No vamos a comenzar directamente… habrá que practicar con otros hasta conseguir suficiente experiencia para hacerlo tú y yo a solas.
-¿¡Cómo!? – esto me había pillado por sorpresa. ¿Desde cuándo se practicaba con otras personas para hacerlo por primera vez?
-Creí que tú estabas más informada que yo.
-¿Yo? – mi voz sonó una octava más alta. Aarón asintió. – Pero si yo… yo… no sé nada. – admití avergonzada.
-¿Cómo que no sabes nada? ¿No sabes lo de Isla de Luz?
-Oh… - estúpida, estúpida, estúpida ¿Cómo podía haber pensado eso de él? – claro que lo sé.
-¿Entonces?... Allegra ¿En qué estabas pensando? – noté como toda la sangre que pudiese estar circulando por mi cuerpo se me agolpaba en la cara.
Aarón, al ver mi expresión se empezó a reír a carcajadas.
-No te rías. – apenas hablaba en un susurro. No podía mirarle a los ojos. Ignoró lo que le dije.
-¿De verdad pensabas que me estaba refiriendo a eso? – me pellizcó las mejillas haciéndolas enrojecer aún más. - ¿Cómo piensas esas cosas de mí la segunda vez que nos vemos? ¿Qué clase de persona te crees que soy? – agravó la voz aún más dejando ver que estaba dolido.
-Soy estúpida. – admití sin dejar de mirar al suelo.
Me sujetó por la barbilla obligándome a que lo mirara a los ojos.
-Eres lo más dulce y adorable que he conocido en toda mi vida. – acercó sus labios a los míos.
De repente, ya no sentía esa vergüenza de antes. Es más, ahora ese rubor en mi cara se debía al golpeteo fuerte de mi corazón y a ese torrente de calor que invadió mi cuerpo.
Su boca se entreabrió dejando pasar mi lengua. De nuevo, esos besos feroces que tanto me gustaban. Se acercó más a mí. Su mano se posó en mi cintura, la mía en su dorsal. Ambos agarrados fuertemente a las camisetas de cada uno. Dejó mi boca para emprenderse con mi cuello. Esas cosquillas que tanto me hacían reír. Le alboroté aún más el pelo mientras recorría el contorno de mi cara con su nariz.
-Soy tan feliz junto a ti que se me olvida todo lo que existe alrededor. – le susurré.

-Entonces… vamos a hacerlo juntos ¿no? – me preguntó una vez que ya volvimos recomponer nuestras composturas.
-No lo había dudado ni un segundo. Yo había pensado en buscar información de otros inmunitas y attacks por nuestra cuenta y luego crear nuestra propia tregua nosotros dos.
-Me lo has quitado de la boca. Pero ¿qué pasará cuando tengamos que luchar? Perderemos nuestros cabales y haremos todo lo posible por mat… - no terminó la palabra. Nuestros rostros se tornaron crispados, horrorizados, con tan solo pensarlo.
-Ya se nos ocurrirá algo. Pero por ahora tenemos un mes más para pensarlo. Simplemente disfrutemos de la compañía y luego ya se verá. – intenté suavizar la situación.
-Princesa…estoy hay que planearlo muy bien. No podemos dejar que pase el tiempo y ya se verá. Hay que establecer un plan. Yo más que nadie deseo disfrutar de este poco tiempo que tenemos juntos, pero cuanto antes lo planeemos, más tranquilos estaremos. – intentó que entrara en razón.
Bufé. Me cogió de las manos haciendo círculos en la parte superior de la muñeca esperando a que razonara.
No me gustaba nada planear mucho el futuro. Sí que me gustaba tener organizadas las ideas, pero pensar que pasaría en un futuro cercano, no me agradaba demasiado. Quería mostrarle mi punto de vista a Aarón y explicarle que no me interesaba mucho lo que vendría después pero lo pensé mejor. Si no lo hacíamos ahora llegaría el momento de abandonar la residencia y emprender nuestro camino. Si no estaban las cosas suficientemente claras podríamos perder contacto o simplemente nos tocaría luchar el uno contra el otro. Y eso era mi mayor preocupación.
-Vale. Lo planearemos. – su sonrisa se ensanchó de cara a cara – Pero – resalté – no hoy.
Hizo el ademán de recriminar pero rectificó.
-Está bien. Hoy no. – sonreí complaciente.
Apoyé mi cabeza en sus piernas y me coloqué de costado hacia él para poder memorizar con cada detalle todas sus facciones. Aunque ya las tenía más que retenidas en mi cabeza.
-¿En qué piensas? – le pregunté al verlo mirando al espeso bosque. Tenía la mirada perdida, sumido en sus pensamientos. Le acaricié la cara suavemente.
-En todo lo que nos está pasando. – estaba pensativo. Esperé a que prosiguiera. – En los principios de los poderes… cuánto daño causaba a la gente que más quería. – fijó su mirada en mí.
-Solo me hiciste daño a mí. – le corregí.
-No. – su voz se quebró y apartó mi mirada.
Me incorporé para poder hablar mejor con él. Capté su rostro entre mis manos y lo obligué a que me mirase.
-¿Lo quieres contar? – No quería obligarlo a recordar algún suceso desagradable.
Yo no era de las personas que persuadían a la gente para enterarse de todo.
Respiró hondo unas cuantas veces y asintió. Esperé el tiempo suficiente.
-Antes de enterarme de toda esta historia…antes de que se empezaran a desarrollar mis poderes... mi hermana pequeña y yo, éramos inseparables. Estábamos todo el día juntos, le ayudaba con los deberes, jugábamos a la Play, me contaba sus problemas con las amigas… - notaba su dureza en la mandíbula. Le acaricié suavemente la mejilla para relajarlo. - Teníamos una relación de lo más envidiable entre hermanos. Apenas se veía por la calle que una niña de once años y su hermano de diecisiete fueran abrazados como padre e hija. Nunca jamás nos peleamos… - sentía como le costaba hablar de esto. Estaba conmovida. – Pero llegaron estos poderes… - le comenzaron a temblar los brazos – y todo en mi vida cambió.
>>Por las noches tenía pesadillas continuamente. Sentía unas ganas irremediables de destrozar muebles, romper objetos… e incluso hacer daño a las personas. Estaba agresivo… cada vez que África me preguntaba que me pasaba, yo le respondía con un grito feroz y ella se iba hacia su cuarto sin decirme nada más durante todo el resto del día. Eso me dolía en el fondo de mi corazón, no podía verla así de mal… yo era el causante de su tristeza, de su dolor. – los temblores cesaron pero una gota fría cayó en el dorsal de mi mano la cual estaba agarrada a las suya. – Mi comportamiento seguía así. Tenía jaquecas inmensurables cuando estaba solo, pero cuando estaba rodeado de gente, sentía como ese dolor se trasladaba a otra parte. Pero no sabía a dónde. Los poderes siguieron fluyendo por mi cuerpo… hasta… bueno, ya sabes cuándo.
-Cuando te vi allí desmayada y sangrando… me entró el pánico. No sabía nada de lo que acababa de ocurrir y tuve que huir de allí. Sé que fui un completo cobarde. Siempre me arrepentiré de eso. – intenté consolarle acariciando su rostro. No quería interrumpir nada de su historia. – Pero aún así, mi cabeza me decía que había hecho muy bien aunque mi corazón dictase lo contrario. Estaba extrañado, aturdido… y me fui a mi casa después de vagabundear por las calles y provocar más dolores de cabeza. – no sabía porqué pero presentía que ahora venía la parte peor de la historia. – Cuando llegué a mi casa, solo se encontraba mi hermana. Mi padre aún tardaría en volver del trabajo. Ella… esperando a que se me hubiese pasado todo el mal humor durante esas semanas…tan solo me preguntó que tal había ido en el instituto. – pronunciaba cada palabra como si le hincasen cuchillos en el estómago. – la miré con esa cara de amargado que tenía. Me dijo… que le dolía mucho la cabeza cuando yo la miraba… entonces… me acordé lo que me habías contado hacía tan solo unas horas antes… y de nuevo… ese…torrente de poder, esa furia… llegó hasta mi cuerpo… metiéndome en su mente… y obligarla a… que se tirase por el balcón. – contuve la respiración. Ya no era él, el único que estaba llorando. Yo me había unido. – Mi cabeza y mi corazón luchaban. Sabía que era yo el que estaba manejando la mente de África… que estaba a punto de matarla… pero mi padre llegó justo a tiempo antes de que cometiese la locura. – solté un resoplido de aire cuando terminó la frase. Las lágrimas caían por nuestros rostros.
>>Mi padre no dio crédito a lo que vio. Sólo advirtió a mi hermana con medio cuerpo fuera de la terraza y a mí, detrás de ella con la mano levantada y con unos ojos distintos a los míos. – su voz era ronca, apenas un susurro. – Rescató rápidamente a África y me dio un empujón haciéndome reaccionar y despertar de ese embrujo. Ese mismo día mi padre me llevó a hablar con mi abuelo y sus amigos y me contaron todo. Pero aún así… los días pasaron… mi hermana no me hablaba, no me dirigía ni siquiera una mirada hostil, intentaba estar apartada todo lo máximo posible de mí. Le daba miedo, asco… y me lo daba a mí mismo también. – se secó las lágrimas con la mano libre a la mía. – Puse toda mi fuerza y mi impotencia al límite para aprender a manejar los poderes cuanto antes. Pero mi padre no confiaba en mí aún e hizo lo peor que pudo hacer en aquel momento. Mandó a África con mi madre. Nos separaron. Por una parte estaba agradecido, porque no quería volver a hacerle daño nunca jamás, pero por otra… mi corazón se rompió en pedazos al verla marchar sin dirigirme ni siquiera una mirada de despedida.
>> Después de desaparecer unos días del instituto, organicé mis ideas y decidí alejarme de toda la gente que quería y la cual podría hacer daño. Por eso hablé contigo para apartarnos. Me marché de casa para ver si así la conciencia se calmaba más un poco en mí. Cuando ya tenía totalmente controlado los poderes y no había forma ninguna a que hiciese daño a alguien, fui a ver a mi madre y a mi hermana. Fue África la que me abrió y al verla no dudamos ni un instante en abrazarnos de nuevo como si nada hubiese pasado. Más o menos lo mismo que contigo. – reflejó una sonrisa amarga. – Ahora la llamo todos los días porque estoy en la residencia, pero nada más que salgamos. Iremos a verla y la conocerás. – fijó su mirada en mí y me enjugó los restos de llanto que quedaban por mi rostro.
-Gracias. – mi voz se quebró en un susurro apenas audible.
-¿Gracias? – preguntó extrañado. – Gracias a ti por haberme escuchado. Nunca le había contado esto a nadie.
Ambos sonreímos con una nota de tristeza en los ojos. Me abrazó con fuerza y me besó con dulzura.
Pero yo tenía una duda y se la quería preguntar.
-¿Tu hermana no es un attack?
-No. Mis padres se separaron cuando yo tenía cuatro años. Mi madre se casó con otro tipo y tuvieron a África. Mi padre siempre la ha aceptado como una hija más al ver el amor que yo sentía por ella.
-¿Y sabe lo que tú eres?
-Sí. Se lo conté en nuestro encuentro. Aunque esté prohibido, yo no podía ocultarle tal cosa. Y también sabe lo que tú eres.
-¿Le has hablado de mí? – pregunté extrañada.
-Sin duda. Le conté que me había enamorado de un amor imposible porque eras inmunita. Aunque ella no lo entendía muy bien del todo. Siempre me decía que el amor bastaba por encima de todas las cosas y que tenía que ir a por ti cuando te viese la próxima vez. Y mira…aquí estamos. La lección que me ha dado la enana. – esbozó esa sonrisa irresistible.
-Siento mucho lo que sucedió.
De verdad que lo sentía. No soportaba ver a Aarón sufrir de aquella manera. Nunca lo había vivido así pero sí que lo había presentido en su mirada.
-Pero ya pasó. Esos eran otros tiempos. – intentó reconfortarme.
-Tengo ganas de conocer a tu hermana. Tiene que ser una chica muy buena. – dije.
-Bueno ahora está más… coqueta. El paso del colegio al instituto la está cambiando.
-Como a todos. – le quité importancia al asunto. – Se nota que la quieres mucho.
-Tanto como a ti. – Me sacó la lengua – Pero de distinta forma… ella ocupa una mitad y tú la otra. A ti te quiero… únicamente para mí. A África… en algún momento tendré que dejarla para que busque a su otra mitad… aunque me cueste.

Estuvimos hablando de nuestros intereses durante más tiempo. Conociéndonos mutuamente, porque ahora que lo pensaba, no lo conocía de verdad. No sabía acerca de su color favorito, de su comida o incluso de su cumpleaños.
Me había enterado de varias curiosidades. Su color favorito era el negro. Su comida preferida ensalada de pasta. Le encantaba jugar a los Sims. Prefería la acción antes que la tranquilidad. Tocaba la guitarra acústica. Su cumpleaños era el 23 de enero… etc. Casi nos llevábamos dos años. Yo los cumplía el 6 de noviembre y él en enero. Aarón me había preguntado lo mismo. Me di cuenta de que teníamos muchas cosas en común.
Irremediablemente la alarma del reloj sonó. Marcaban que eran las doce de la noche. Como la Cenicienta del cuento de hadas tuve que irme, pero no sin antes una despedida.
Nos abrazamos con mucha fuerza y compartimos miles de besos leves e intensos intercalados.
-No te quiero dejar marchar. – me decía una y otra vez.
-Mañana nos veremos de nuevo. Y así hasta que salgamos de la residencia. – le consolaba al mismo tiempo que lo hacía a mí misma.
-¿No te da miedo ponerles los cuernos – frunció el cejo al pronunciar esa palabra – a tu novio vidente? Digo… en cualquier momento podría ver lo que estás haciendo y te advierto que no le gustaría nada.
-Miedo…no. Bueno… en parte sí. Tendría miedo a que te hiciera daño.
-¡Já! Vamos Allegra… si sabes que podría con él en un pis-pás. – ignoré su fanfarroneo.
-En tal caso… no me gustaría que mi mejor amigo y el chico al que amo se enfrentaran, porque tendría que ponerme de por medio… aunque a eso no le temería. – Se le tensó la cara por completo.
-Eso ni lo sueñes. Alguna vez tendremos que pelear cielo, somos inmunita y attack. Nos odiamos mutuamente…Y el día que pase eso… ten por seguro que tú no estarás por delante.
-Bueno… no quiero discutir ahora contigo. Me tengo que ir. Esos temas ya lo hablaremos. – me había sentado un poco mal lo que había dicho, pero no quería despedirme así.
Ante todo no era rencorosa y se me pasó el disgusto para dar paso a la ternura. Lo abracé con toda la fuerza que fui capaz y él hizo lo mismo conmigo, por lo que apenas podíamos respirar. Le di un beso tierno pero corto.
-Te amo. Mañana a la misma hora aquí. – le recordé.
-De acuerdo. Yo también te amo.
Con un último roce de manos de despedida nos separamos. Aunque me costó la vida. Era maravilloso estar a su lado, oír su voz, saborear sus labios, oler su aroma, sentir su calor, ver su sonrisa. Jamás había experimentado tales sensaciones de plenitud, todo era totalmente nuevo para mí. Nunca antes me había sentido lo que era amor de verdad.
Cada uno iba marchando hacia los lados opuestos. Un paso que dábamos en dirección opuesta una mirada hacia atrás llena de añoranza sin habernos marchado aún. Estaba tan atontada mirando hacia donde estaba Aarón que me comí el tronco de un árbol.
-¿Estás bien? – gritó desde lo lejos.
Fue tal el impacto que por poco caí de espaldas.
-Sí. – Cuando vio que me recuperaba, empezó a reírse a carcajadas. Le saqué la lengua.
Esta vez, teniendo más cuidado retomamos la separación temporal. Era inevitable. Permanecimos así hasta que nos perdimos de vista.
Una vez a solas… empecé a correr de nuevo hacia la residencia. Donde me esperaba la cruda realidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario