sábado, 2 de enero de 2010

Capítulo 15. Magia.


15 MAGIA
-¿Y qué has hecho durante este tiempo? – le pregunté desinteresadamente.
Nos habíamos levantado y estábamos dando un paseo por el parque. El sol ya se había ocultado. Las luces del parque anunciaban que se aproximaba la noche refrescante de septiembre. Íbamos cogidos de la mano.
-Entrenar.
-¿Así de simple? ¿No has hecho otra cosa aparte de eso?
-Echarte de menos. – me acercó a él y me besó.
-¿Y ya está?
-¿Qué más esperas que haga si no te tenía junto a mí? Me tenía que concentrar en algo ya que lo nuestro era imposible. – se me encogió el corazón al escucharlo.
Sentía que no le había dedicado el tiempo suficiente para añorarlo. Que siempre había intentado evitarlo, no querer aceptar su amor. Y él había hecho todo lo contrario, al darse cuenta de su amor por mí, había luchado todo lo posible para no pensar. Porque sabía que lo nuestro no podía ser.
-¿Y cómo vamos a hacer para vernos? Yo no puedo escaparme de la residencia y venirme aquí todos los días. – estuvo bastante tiempo meditando las opciones.
-Podríamos quedar en mitad de los dos campus. Ambos corremos muy rápido y en diez minutos podemos vernos cada noche. – mis mejillas se ruborizaron. - ¿Qué pasa? – preguntó al ver mi expresión.
-Es que… verás… hay un temita…
-¿Sí? – me animó.
-Duermo todas las noches con Guille. – le solté de golpe. Estudié su rostro. Eso le había pillado por sorpresa. Frunció tanto el entrecejo que las cejas casi se tocaban. Su mandíbula estaba tensa.
-Oh…vale. Esos pequeños detalles creo que me los deberías dar… nosotros no tenemos ese don para ver el futuro. – nos reprochó. Estaba receloso.
- Lo siento. Pero cuando me di cuenta de que te amaba de verdad, cuando mis sentimientos salieron de golpe… me inundó una ola de culpabilidad. Sentía que le estaba siendo infiel. Tenía que recompensarle de algún modo. – me encogí de hombros sin saber muy bien que decir.
- Creo que eres demasiado buena. Hay personas que no lo merecen.
-Guille sí. – le solté sin vacilar.
-Eso es discutible… - íbamos a empezar a discutir en nuestro recién encuentro. Por lo que me callé. – En todo caso – prosiguió al ver que no le había recriminado nada – él consigue cosas que yo no.
-Amor. Nos acabamos de soltar nuestros sentimientos hace apenas dos horas. ¿No crees que deberías ser un poco más paciente? Todo no se puede hacer el primer día. – me acerqué a él y lo abracé por el costado. – Te aseguro que tú tienes lo que él no ha tenido.
-¿Cómo qué?
-Mi corazón. – mis labios tocaron los suyos con toda la dulzura que mi corazón rebosaba. Se quedó parado en el sitio con los ojos cerrados y con la forma de mis labios aún. Empecé a reírme al ver su expresión. - ¿Qué te pasa?
- Eso ha sido… espectacular. Has conseguido que me olvide del mundo. Recuérdame que te pida uno de esos cuando me encuentre mal. – recuperó la compostura y me abrazó aún más fuerte. – Te amo.
Estuvimos dando vueltas alrededor del lago. Donde todavía había un par de barquitas. La luna ya había aparecido. Sin darme cuenta me llevó hasta la ventanilla de entradas y sacó un ticket para dos.
-¿Y esto?
-Te invito a un paseo por las estrellas.
Nos montamos torpemente en una pequeña pero acogedora. En el suelo había un par de mantas para taparse a causa del frío. En este caso no haría falta. Aarón remó hasta mitad del lago donde ya no se encontraba nadie. Era tan grande que no se veía el puesto donde se encontraban las demás barquitas. Dejó los remos a un lado y nos tumbamos apoyando la cabeza en la tabla de madera para sentarse. Pasó su brazo por encima de mi hombro y yo me acerqué más a él. Estábamos los dos juntos. Sintiendo nuestro calor. Escuchando su corazón, rápido e irregular. Rodeé su torso con mi brazo quedando de costado.
-Es increíble cómo se ven las estrellas en este lugar. Son preciosas. – no podía parar de mirar su hermosa cara mientras él miraba hacia el cielo.
-Cierto. Pero tú lo eres más. – me ruboricé al soltar tal cursilada. Se empezó a reír y me miró.
-¿No se supone que lo normal es que el chico se lo diga a la chica?
-Nuestra relación no es normal. – ambos reímos a la vez.
Nuestros ojos brillaban de una manera irreal. La luna llena aún demasiado baja para ser blanca pareció mandarnos un rayo de pasión con su magia. Ambos nos miramos intensamente. Esos ojos verdosos me miraban con deseo. Podía sentir como mi cuerpo necesitaba de sus caricias. Nos besamos con vehemencia. Me coloqué encima de él. Esos labios carnosos, dulces, sabrosos hacían latir a mi corazón aún más fuerte. Su mano se metió por debajo de mi camiseta haciéndome estremecer. Mi mano iba marcando cada músculo de su torso tonificado. Colocó la otra mano en mi cintura haciéndome acercar más a él. Besos lleno de pura pasión, de amor. Noté como algo se movía en la parte de los pantalones. Seguía insistiendo… ¿Qué pasa? Me costó reconocer que era mi móvil lo que se estaba moviendo.
-Mierda… - susurré entre sus labios. Muy a mi pesar atendí sin mirar quién era. - ¿Diga?
Allegra…¿qué te queda? Es que estoy dando vueltas sin saber qué hacer.
-¿Quién es? – pregunté. Me di cuenta de que estaba jadeando.
Leo. Quién voy a ser. ¿Te pasa algo? Te noto algo ajetreada.
-Ah Leo. No, no me pasa nada. – mientras, Aarón me daba besos en el cuello haciéndome cosquillas. - ¿Que, qué me queda? Pues….- Aarón me señaló un dedo hacia arriba – una hora más o menos.
¿Qué estás haciendo?
-¿Y a ti que más te da? Estoy con unos asuntos que tenía que arreglar. – no pude evitar una risa floja al acabar la frase. Las cosquillas por la cara me hacían reír.
Bueno pues dentro de una hora te quiero en el garaje ¿vale? A ver qué hago yo ahora…
-Búscate una novia. Chao. – y le colgué. – Bueno… por dónde íbamos… - intenté besarle de nuevo pero me apartó la cara.
-Allegra nos tenemos que ir ya… Tenemos que volver y hay que llevarte hasta el garaje.
-Hasta el garaje voy yo solita. ¿Te recuerdo que si os veis u os sentís vais a morir? – lo pillé por sorpresa. Iba a decir algo, pero se calló. – Venga vamos… - con pena me eché a un lado y él se fue levantando poco a poco.
En un movimiento mal colocado, a la hora de ponerse de pie, Aarón perdió el equilibrio y cayó al agua sin darme tiempo a reaccionar. Yo ya estaba de pie. No pude evitar la risa y empecé a reírme a carcajadas.
-¡Ayúdame ¿no?! – gritó desde el lago donde apenas se veía.
Me acerqué al borde a ayudarle. Hice contrapeso sin querer y la barquita volcó haciéndome caer también al lago. Desde bajo agua ya podía escuchar las risotadas de Aarón.
-¿Ahora quién se ríe? – me recriminó cuando salí a la superficie.
Empezamos una guerra de agua. Por suerte el lago no era lo suficientemente hondo y Aarón llegaba a hacer pie… yo no. Después de parar con la guerra. Me abrazó y me besó para luego echarme otra ola. Volvimos a colocar la barquita derecha. Él sujetó por un lado para que no ocurriera lo de antes y yo subí por la otra parte. Una vez subida apoyé todo mi peso en un lado y luego Aarón se subió por el contrario. Cogimos los remos y volvimos al encuentro.
El responsable de aquello se echó a reír disimuladamente cuando nos vio empapados.
-Mierda… ¿y ahora cómo aparezco yo así? – estuvo dándole vueltas a la cabeza.
-Tenemos una hora ¿no? – Asentí – pues corramos.
-¿Perdón?
- A correr. A la velocidad que vamos, la ropa se secará en nada. – lo medité durante unos segundos. Mejor correr y que esté seca la ropa, a que vaya empapada y le tenga que dar explicaciones a mi compañero.
-No es mala idea.
Nos fuimos a un lugar apartado. Nos quitamos los zapatos y los calcetines. Estrujándolos lo máximo posible. Aarón se quitó la camiseta dejando ver ese cuerpo muy musculoso. Bajo la luz de la farola sus abdominales marcados se reflejaban tenuemente. Todo su torso estaba paralelo pero robusto. Hizo caso omiso a mi embobamiento hacia él y siguió estrujando su camiseta, aunque esbozó una sonrisa escondida.
Me giré dándole la espalda a Aarón y me quité la camiseta también. Miré mi sujetador… no me acordaba que llevaba puesto uno de ositos saltando. Empecé a prensar la camiseta, pero noté unos brazos que rodeaban mi tripa suavemente. Besos en el cuello y más atracción hacia él.
-El primer día y ya te veo sin camiseta. Mmmm me gusta. Sobre todo tu sujetador. – su nariz iba recorriendo mi clavícula y cuello. Un escalofrío recorrió mi cuerpo al ponerse en contacto nuestros torsos desnudos.
-No te creas que va a ser tan fácil. Esto ha sido solo un accidente. – tuve que hacer un esfuerzo por hacerme la dura y no darme la vuelta para agarrarlo por el cuello y no dejarlo escapar.
Muy a mi pesar se separó de mí. Y empezó a reírse. Una vez estrujada me la puse corriendo. Aún todavía sin girarme para verle.
-Voy a estrujar los pantalones. No te muevas de aquí. – me giré y lo vi ya con los pantalones quitados dejando ver los bóxers negros que llevaba.
-Tú no tienes vergüenza ¿verdad? – se echó a reír a carcajadas. Haciéndole ver que estaba enfadada, me fui al otro lado de un arbusto.
Una vez ya vestidos los dos, empezamos a correr por todo el parque. Ya estaba desierto, sólo se encontraban los guardias. A pesar de que fueran las diez de la noche. Todo estaba muy oscuro, unas cuantas farolas iluminaban levemente aquel parque desmesurado. Agarrados de la mano empezamos a correr tan rápido como gacelas. Los árboles y arbustos se desdibujaban a nuestro alrededor. No podía parar de sonreír. Aquella sensación de dejar el mundo atrás siempre me había gustado, pero ahora que estaba con Aarón, mucho más.
Estaba eufórica, feliz. Por fin mi corazón había encontrado la pieza que le faltaba para completarlo. En tan solo unas horas habíamos vivido cosas intensas. Me había visto en sujetador, habíamos estado bajo las estrellas, lo había visto casi desnudo, habíamos compartido besos dulces, llenos de amor… lo que nunca había conseguido con Guille.
Guille… ¿y ahora qué iba a hacer con él? No quería hacerle daño, pero ¿con qué ojos le miraría esta noche cuando llegase? Lo había engañado durante todo este tiempo intentando creer que lo quería. Tenía que dejarlo sin hacerle mucho daño. No quería perder la amistad con él. Guille siempre me había ayudado mucho en los momentos difíciles.

Una ola de poder hizo que abandonara mi ensimismamiento. Sentí como mis instintos de inmunita se disparaban a toda velocidad. Aún estaba corriendo con Aarón. Pero ya no me resultaba tan encantador. De hecho… sentía el impulso de atacarlo, de luchar contra él. No pensaba que era el amor de mi vida… pensaba que era un attack. Un attack peligroso y poderoso. Alguien al que había que liquidar.
Sentía también, su odio hacia mí. Cómo sus ojos se habían vuelto grises de nuevo. Ya no éramos los dos enamorados que superaban cualquier obstáculo. Éramos inmunita y attack. Algo inevitable. Debíamos luchar. Dejamos de correr. Nos soltamos las manos, ambos llenos de furia. No me reconocía a mí misma. Cara a cara. Miradas de poder. ¿Cómo podía haberme enamorado de tal monstruo?
Recordé lo que me dijo Sandra una vez sobre los otros poderes que tenemos y me concentré en una papelera que había cercana a nosotros. Sentía tanto poder fluir por mi cuerpo que la papelera salió disparada hacia él sin hacer mucho esfuerzo. Lo esquivó ágilmente. Él, también con la tensión en el cuerpo consiguió incendiar un banco de madera que se encontraba a mi izquierda. Pegué un salto para salir de allí antes de que me quemara viva. Nos movimos de posición.
Arrancamos unas ramas gruesas de los árboles cercanos. Empezamos a luchar como si fuesen espadas. Saludo, agilidad, rapidez, movimientos precisos. Todo lo que había aprendido en estos meses lo estaba mostrando al límite. Aarón también parecía estar al máximo.
Choque de troncos, un golpe lateral cerca del costado tuve que evitar para que no me hiciese daño. Impidió que un trancazo le golpease en el cerebro oponiendo su tronco con el mío. Ambos muy cerca de morir. Podía ver cuál sería su próximo golpe debido a que las imágenes me venían a la cabeza sin yo pedirlas. Cosa que era muy útil, ya que no gastaba mucha concentración en visionarlo y podía prestarla más en atacar. Un golpe bajo, otro arriba, dos a los lados con tanta rapidez que era imposible visionar tales movimientos. Un momento de indecisión…tronco de Aarón al suelo.
Y allí estaba. Solo, indefenso. Sin tener nadie alrededor con la que atrapar su mente y poder atacarme por detrás. Me acerqué más a él para poder matarlo mejor. Retrocedía hacia atrás intentando evitarme. Tropezó con sus propios pies. Cayó al suelo. Sus ojos plomo reflejaban furia, ardor…derrota. Coloqué mi tronco encima de su cabeza preparada para darle un fuerte estacazo y aplastar ese mísero cerebro que tanto daño había hecho. Una última mirada de despedida antes de matarlo. Ninguna palabra hasta entonces.
Sus ojos ya no eran grises. Volvían a ser esmeralda. Su ira y su furia habían desaparecido de su mirada. Ahora solo suplicaban.
-Allegra… soy yo. Estoy aquí. Por favor recuerda… el amor es más fuerte que cualquier otro instinto. – estaba empezando a confundirme. Seguro que era un juego de distracción para que bajara la guardia y así atacarme de nuevo.
-Calla… no me vas a distraer. Soy más fuerte que tú asqueroso attack. Debes morir.
-Princesa… recuerda todo lo que hemos vivido esta tarde. – sus ojos reflejaban culpabilidad, angustia, miedo.
Esa palabra me hizo despertar del hechizo. Princesa. Él era el único que me había llamado así. De repente, ya no sentía tanto odio hacia él. Es más, estaba empezando a amarlo nuevamente. Recordé todo lo sucedido esta tarde. El encuentro, la confesión de sentimientos, los besos, los roces, las caricias, las risas, las estrellas, la barquita, la pasión… Un nuevo sentimiento se estaba apoderando de mí… el remordimiento. Instintivamente, dejé caer el tronco. Me desplomé de rodillas en el suelo y me abracé a él. Rompí a llorar como una desconsolada.
-Lo siento amor. Lo siento mucho… no debería haber intentando hacerte daño… yo… - empezó a balbucear. Lo miré atónita.
-Pero ¿qué dices? La que lo siente soy yo. No sabes todo ese odio que he sentido hacia ti. Como he podido… he estado a punto de matarte Aarón. – mi voz sonaba histérica. Todo mi cuerpo estaba temblando.
-¿Qué nos ha pasado? – me acarició el pelo suavemente y me besó en la frente.
-No lo sé… pero jamás en mi vida quiero volver a experimentar eso hacia ti.
No hice alusión a los demás attacks. Eran mis enemigos y tendría que acabar con todos ellos. Salvo mi vida. Nos quedamos abrazados sin decir palabra hasta que mantuvimos la compostura y tranquilizados.
-Bueno… yo creo que alguien ha quedado… - miró el reloj – dentro de quince minutos con cierta persona ¿no? – atisbó una vez que ya estábamos los dos calmados.
-Mierda… Leo. – me vino una lucecita dándome quizá la respuesta a lo sucedido. - ¿Sabes? Puede que lo que nos ha pasado antes… - quería evitar pensar en lo ocurrido - haya sido fruto de la velocidad.
-¿A qué te refieres? - nos incorporamos y fuimos andando a paso ligero hacia la salida del parque. Nuestras ropas ya estaban totalmente secas.
- La velocidad es un poder natural que se nos otorga ¿cierto? – Asintió – quizás al poner al límite nuestra velocidad también lo pusimos nuestros instintos. Tanto, que sobrepasaron ese margen y salieron a flote desenfrenados. Puede que por ese motivo, hayamos querido… - no quería terminar la frase. Se quedó bastante sorprendido sobre mi teoría.
-Pues la verdad es que sí. Tiene bastante sentido. Qué chica más lista. – le saqué la lengua como signo de ofensa. - No vamos a llegar a tiempo… - con un poco de esfuerzo pude ver el futuro. Lo más simple. Vi que no íbamos a llegar tarde.
-No. Vamos a llegar puntuales, si nos damos prisa. – afirmé sin dudar ni una palabra.
Ahora que había visionado un futuro tan sencillo, me acordé de la lucha que habíamos tenido Aarón y yo. Si no recordaba mal, había conseguido mover una papelera a distancia y lanzársela. Nunca había entrenado nada parecido y según me había informado Guille, hacían falta años de entrenamiento para conseguirlo. Y ¿Aarón? Él había conseguido incendiar un banco de madera. ¿También tenían otro poder los attacks? ¿Había sido cosa del destino que nos enfrentáramos para desarrollarlos aún más? Otro día tendría que hablarlo con él tranquilamente. Otro día… ¿Cuándo nos volveríamos a ver?
-¿Mañana nos vamos a ver? – pregunté indecisa.
-Pues claro princesa. No podía aguantar estar más de 24 horas sin verte. Sabiendo que ahora te tengo. – me salió una sonrisa romanticona sin pensar.
-Yo termino los entrenamientos a las ocho. ¿Te viene bien a las 9? – estuvo pensando unos segundos. Mientras, me dio por ver de nuevo el futuro. Se estaba empezando a convertir en una costumbre. Pude ver como al día siguiente nos encontrábamos en un descampado aunque no conseguí ver su rostro claramente. Simplemente a mí y a una sombra. Debía de ser por la oscuridad.
-Sí. Perfecto.
-Ya lo sabía. – sonreí complaciente.
Caminamos por las calles de Getlock hablando del tiempo pasado. Aquellas llenas de esculturas abstractas, con luces cubiertas de estructuras diseñadas por artistas desconocidos. Había movimiento de gente pero no la adecuada para el final de aquel verano. La brisa del mar acariciaba nuestros rostros dejando olor a sal. Estábamos cerca de la playa. Su propio hedor dejaba rastro por las avenidas. Era el momento de la despedida. El fin de esa tarde intensa y llena de sensaciones.

A más de dos kilómetros del garaje, se hallaba una pareja feliz y rebosante de amor. Inmunita y attack. Ambos luchando por un amor imposible, peligroso, prohibido. Saltando todos los obstáculos que se pudieran presentar.

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