
16 PRECAUCIÓN
Con un beso largo y lleno de dulzura y pasión acabamos esa tarde, esa noche que ahora empezaba y la cuál me tocaba afrontar ahora. Aarón tenía sus manos enredadas en mi pelo y mis brazos estaban rodeando su cuerpo.
-No me quiero separar de ti. Se me va a hacer muy largo el no respirar tu olor, el no escuchar tu corazón, el no sentir tus labios… ya paro. Allegra que solo va a ser un día. Para ya. – me decía a mi misma mientras él se reía de mis palabras y me alborotaba más el pelo.
-Si esto empieza así… ¿cómo acabará? – habló metido entre mis cabellos.
-Mejor no pensarlo.
Un último beso antes de mañana. Una retirada de cuerpos. Un despegue de manos unidas.
-Ten cuidado hasta llegar al garaje, que nunca se sabe quién puede andar por ahí suelto.
-Creo que sé defenderme bien solita. Te quiero.
-Yo más.
Me encaminé hacia el garaje que estaba a un paseíto bien largo. Tendría que andar a paso muy ligero para poder llegar a tiempo. Aún así, estaba a quince minutos andando. Así tenía tiempo para reflexionar y poner en orden mis ideas.
Lo que más ocupaba mi atención ahora era los poderes. Si mi teoría fuese cierta… en ese caso no podría correr junto a Aarón hasta que no tuviésemos control al cien por cien de nosotros mismos. Tampoco podría poner mucho esfuerzo en usarlos ya que estarían al límite y saldrían por sí solos si no los tenía totalmente controlados. Aunque eso no me preocupaba demasiado. Preferiría ser una pareja normal como el 95 por ciento de las personas. Una pareja que se peleaban, que se amaban, que se divertían sin pensar en matarse mutuamente… aunque claro…era nuestra naturaleza y yo no me avergonzaría jamás de sentir ese odio hacia los attacks. Pero ese no era el punto… lo que más me llamaba la atención era el desarrollo de nuevos poderes en mi primer encuentro oficial con un attack y viceversa. Podría ser que al haber una unión tan fuerte entre nosotros, esa unión se hubiera vuelto en contra y ese odio era el mismo amor entre nosotros pero el opuesto. Me estaba haciendo un lío yo sola y no podía crear teorías sin saber más al respecto. Alguna vez tendría que sacar ese tema con mi abuela o con los profesores.
Después también estaba lo que me esperaba esta noche… no sabía cómo iba a mirarle a la cara a Guille después de todo lo que había hecho por mí. Era mi mejor amigo… pero siempre se había quedado ahí. No traspasaba más de esa barrera. Me atraía físicamente, eso no lo podía negar. Pero solo era atracción. Desearía con todas mis fuerzas poder corresponderle pero era algo inevitable y es que las cosas del corazón son impredecibles. No sabes nunca quién se puede colar en tu corazón para dejarte una huella y no poderla borrar.
Tendría que inventarme una buena banda de excusas para contarles a Leo, Guille y los demás. Aunque no creo que me pidiesen muchas explicaciones. Podía ver el futuro en un plis y no tener que pensar mucho, pero había decidido no ojearlo a menos que fuese estrictamente necesario. Pensaba que si estuviese todo el día mirando mi mente dejaría de trabajar como una persona normal. Y eso es lo que quería. Aparentar una chica simple y sencilla.
-Menos mal… ya creía que tenía que esperar una hora más. Qué aburrimiento. Recuérdame que no te traiga más a la ciudad. – Estalló Leo cuando me vio aparecer en el garaje.
-Tampoco es para tanto chaval. Para una vez que podías ver gente fuera de la residencia… - sabía que ahora tocaba la pregunta clave.
-Y bueno… ¿Qué has estado haciendo hasta estas horas? – cotilleó mientras arrancaba el coche y salíamos de allí.
Miré hacia la ventanilla intentando ocultar mi vacilación.
- Me había entretenido mirando escaparates. – fruncí el ceño al escuchar mis propias palabras. Sonaban tan absurdas…
-¿Y no has comprado nada? – preguntó con un cierto tono de incredulidad en la voz.
-No… aunque tampoco he estado todo el tiempo mirando tiendas. – Intenté salirme por la tangente - También he estado un rato en el parque… y allí me encontré con una compañera de clase. Por eso me he retrasado más. – eso sonaba mejor. Me sorprendía a mi misma por haber mejorado en las excusas. Solo faltaba que Leo no fuese a ver lo que en realidad había hecho en toda la tarde.
-Eso está bien. Ahora comprendo mejor. Pero podrías habérmelo dicho y me la hubieras presentado ¿no? – me volví para ver su rostro.
Leo era moreno de piel. Pelirrojo y con pecas por la cara. Su nariz era demasiado puntiaguda y sus ojos excesivamente pequeños. Estaba fuerte, como todos, pero algo delgado. Se estaba riendo mientras miraba a la carretera. Su cara reflejaba picardía.
-Tiene novio. Lo siento. – me encogí de hombros.
Palmeó el volante con un golpe fuerte haciendo ver que estaba desilusionado. Ambos reímos. Estuvimos bastante tiempo sin hablar. Simplemente escuchando su música. Empezó a sonar una con la cual me sentía totalmente identificada sobre Guille y yo. Esa letra me llegó al corazón.
-¿Cómo se llama esta canción? Es muy bonita.
-Somos lo que fue. Es de Jesse & Joy.
-Vaya… pues es realmente preciosa.
-Yo creía que no te gustaba este tipo de música.
-Digamos que he aprendido a escuchar cualquier clase de música y aprender a escuchar su letra.
-Eso está bien. Siempre hay que tener cultura musical.
Aunque ya no seguimos hablando, esa canción la tenía guardada dentro de mí. Era un anticipo de lo que me esperaba.
Después de tres cuartos de hora de viaje, por fin llegamos a la residencia. El corazón me latía con fuerza al saber lo que me esperaba ahora. Preguntas, mentiras, tensión, culpa… mierda… quería volver atrás. Llegamos tarde para la cena por lo que esta noche no cenaríamos. A mí me daba igual. No tenía hambre, pero sentía cierta pena por Leo al ver todo lo que había hecho por mí.
Fui hacia mi habitación donde me esperaba Guille. Respiré hondo antes de entrar y cogí valor para poder mirarlo a la cara sin sentir tanta vergüenza. Un giro de llaves y entré. Luz apagada. Qué raro… no estaba allí. Ni siquiera me había llamado en toda la tarde.
El móvil…mierda. Se cayó al agua también. Lo saqué del bolsillo del pantalón. Estaba totalmente empapado. Intenté secarlo, encenderlo… nada. Menos mal que era uno antiguo. Pero ahora eso no importaba… lo que resultaba raro era que no estaba en mi habitación. ¿Le habría dado por ver lo que estaba haciendo? Como fuera así… en este momento toda la residencia estaría preparada para salir a luchar contra los attacks.
Alarmada por lo que pudiera pasar, toqué en la habitación de Mabel que estaba en frente de la mía. Nadie contestaba… estaba empezando a preocuparme seriamente. Antes de volverme histérica, lo intenté de nuevo con mi vecino de al lado. Sergio. Un tipo bastante peculiar. Era uno de los niveles más bajos, le costaba aprender tácticas nuevas. Siempre estaba retirado del grupo. Si él no estaba… ya tendría que recurrir a las visiones, aunque no sabía cómo, si no tenía a nadie cerca para poder verlo. Tardaba bastante en abrir la puerta. Supuse que no había nadie. Mi corazón latía a mil por hora. Estaba hiperventilando y sin color en la cara. El primer encuentro después de tanto tiempo con la persona que más amo y ya podría ser que estuviese muerto. Sentía como me temblaban las piernas. Pero alguien abrió la puerta después de demasiado tiempo, diría yo.
-¿Qué quieres? – estaba despeinado. Llevaba una camiseta lisa de pijama y unos pantalones cortos un poco subidos al ombligo para mi gusto. Parecía que lo había despertado.
Miré la hora preocupada de que fuera muy tarde. Las once y media. Tampoco era para tanto. Pero al ver que estaba allí y probablemente dormido, todos los tembleques y los sudores de terror desaparecieron de mi cuerpo.
-Esto… - corre piensa en algo - ¿sabes dónde está Mabel? Es que no la encuentro. – fue lo primero que se me ocurrió.
-Pues no. ¿Para eso me despiertas? Si ya sabes de sobra que yo no estoy con vuestro grupito. – la última palabra la pronunció con desprecio.
-Lo siento. Sólo estaba preguntando. – le respondí con la misma arrogancia.
Cerró la puerta de golpe. Será estúpido el niñato…
Me metí de nuevo en la habitación. Al menos sabía que no se había emprendido ninguna tregua para luchar. Ya más tranquila, me duché y me puse ropa cómoda para estar por allí. Fui a la sala común para ver si estaban mis amigos.
En efecto, llegué y allí estaban todos. En la sala común se encontraba la televisión más grande de toda la residencia. 65 pulgadas de pantalla colgada en la pared. En el suelo estaban todos los sillones “puff” esparcidos por toda la habitación. Había una mesa de cristal un tanto larga detrás de los sillones con sus correspondientes sillas. Al otro lado de la habitación, tres mesas de billar. Pegada a la puerta, se encontraba unas encimeras de cocina con una mini nevera siempre llena de bebidas.
Todos estaban allí viendo otra película. Sandra y Adrián lideraban las esquinas. Al lado de Sandra estaba Lucas apoyado en las piernas de Cristina. Ella, a su vez estaba descansando en el costado de Ángel y así una cadena sucesiva donde todo el mundo tenía alguna parte del cuerpo apoyada en otra persona. Estaba allí casi toda la residencia. Todos en silencio miraban con atención a la película. Pero no vi ni a Guille ni a Mabel.
Escuché el impacto de dos bolas de billar chocar al final de la habitación por lo que me asomé y vi que allí estaban los dos jugando. El corazón me empezó a latir desbocadamente cuando me acerqué y los saludé con la mano.
-¡Aquí está la desaparecida! ¿Dónde te habías metido? – preguntó Mabel desinteresadamente mientras buscaba el ángulo preciso en la bola blanca para intentar colar aquella de color verde que tan cerca estaba de caer.
-Es que hemos llegado más tarde porque me encontré con una compañera de clase y estuvimos hablando bastante tiempo. – le solté la misma mentira que le había contado a Leo.
Intentaba evitar a toda costa la mirada de Guille pero se acercó a mí y no tuve más remedio que darle un beso en los labios.
Ahora que los probaba nuevamente… no me parecían ni mucho menos la mitad de dulces que los de Aarón. Lo que me hacía sentir aún más miserable.
-¿Te lo has pasado bien? – preguntó mientras me rodeaba por la cintura y me miraba con picardía.
-Sí. Ha sido una tarde interesante. – eso se quedaba corto.
No comprendía cómo podía mirar esos ojos negros y besar esos labios sabiendo que había estado con otro. Pero lo estaba consiguiendo y lo que me preocupaba era que no sentía la menor pizca de remordimiento a la hora de la verdad.
Me quedé con ellos mirando la partida. Donde ganó Mabel gracias a Guille que por un error de cálculo había metido la negra antes de tiempo.
-Aunque no hubieses metido la negra te hubiera ganado igual. – empezó a fardar Mabel mientras le daba una palmada en los abdominales a mi novio.
-Eso es lo que te crees. Si no hubiera sido por mi fallo técnico ya verías quién hubiera ganado. – Guille la inmovilizó cogiéndola del cuello y revoloteándole el pelo con el otro brazo libre.
-¡Déjame! – se escuchó un siseo al principio de la sala donde estaban todavía viendo la película.
Mabel lo agarró con fuerza por el costado y lo tiró al suelo cayendo ella encima de él. Sus rostros estaban a escasos centímetros. Noté como algo fluía entre ellos dos. Quizá fuera simple amistad pero la forma en que Mabel miró a mi novio me hizo pensar que quizá sintiera algo por él. Nunca habíamos hablado sobre eso antes.
En otras circunstancias, este gesto de tonteo me hubiese molestado bastante, pero estaba demasiado ensimismada pensando en los besos de Aarón, que apenas fui consciente de la situación y solo hacía reírme de ellos.
Guille se deshizo de ella fácilmente cogiéndola por la cintura y elevándola hacia un lado, para luego dejarla caer en el suelo.
-Te vas a enterar… cuando menos te lo esperes…ahí estaré yo para atacarte. ¡Capullo! – se pusieron en pie y los tres reímos a una. Otro siseo advirtió que nos calláramos.
Siempre estaban peleándose los dos. Parecían unos niños chicos pero ese flujo de miradas que había habido antes no se había reflejado antaño. Nos acercamos donde estaba todo el mundo. La película era de suspense, por lo que estaban en tensión. Nos sentamos al lado de nuestro grupo. Mabel se acomodó en la tripa de Sandra y Guille en las piernas de Mabel. Me hizo el gesto de que me apoyase en su regazo pero le dije que no. Él se encogió de hombros y empezó a ver la película.
Me encontraba allí de pie donde todos me daban la espalda para ver la televisión. No tenía ganas de hacer nada, solo de tirarme en mi cama y pensar en él. Me dirigí a mi habitación sin avisar a nadie. Ya vendría Guille luego.
Directa, me dejé caer sobre la cama con los brazos en cruz. Sólo podía pensar en sus besos y sus caricias, en sus ojos. En los silencios llenos de amor…Sentía que la noche entera sería corta para soñar con él y que el día era poco para añorarlo…El mundo era perfecto cuando estábamos juntos. Y eso que nada más había sido una tarde. Una…de muchas que nos esperaban. Sonaban a cursiladas pero era todo lo que mi corazón desbordaba. No podía evitar una sonrisa de cara a cara.
Alguien llamó a la puerta. Abrí sin mirar antes quién era. Una avalancha del grupo llenó mi habitación. Sandra, Cristina, Guille, Ángel, Lucas, Mabel entraron por la puerta uno por uno y se acomodaron en la cama y en los sillones.
-¿Esto qué es hoy?
-Pues nada…que ha acabado la peli y cómo no te veíamos pues hemos decidido darte una visita. – informó Lucas mientras acomodaba un cojín y se tumbaba en mi cama.
-Mentira, no ha acabado la peli, es que todos estaban muertos de miedo y no han aguantado ver el final. – aclaró Sandra desde mi sillón.
La dueña de la habitación era la única que estaba de pie. Demasiado lenta para coger un sitio.
-Y por eso tú también te has venido, porque la película era un rollo ¿no? – ironicé.
-Claro. Si no me hubiera quedado allí. – desvió la mirada con una sonrisa en la boca que indicaba todo lo contrario a lo que ella había dicho.
Empezamos a reírnos. Intenté hacer un hueco en algún lugar de mi cama. Me acomodé en las piernas de Cristina dejando las mías colgando de la cama.
-Peque ¿qué tal por la ciudad? ¿Algo interesante? – preguntó Cristina mientras me tocaba el pelo.
¿Por qué todo el mundo se tenía que interesar en lo que había hecho esta tarde? ¿Es que tanto le interesaba mi vida o había algo detrás de toda aquella reunión de amigos? Fuera lo que fuese, tenía que seguir mintiendo.
-Hacía mucho tiempo que no iba por allí. Es muy bonito. Unos parques preciosos.
Sobre todo en el que me encontré con Aarón y donde hemos compartido esos besos. – pensé.
-Eso ya lo sabemos… pero ¿has hecho algo interesante? – advirtió Lucas que estaba al lado de Cristina.
Me encontré con un attack del que estoy enamorada. Empezamos a hablar como pacíficos ciudadanos, cosa que acabó en una confesión de sentimientos. Nos abrazamos y estuvimos besándonos toda la tarde, luego me llevó a un paseo en barca donde los dos nos caímos al agua. Empezamos a correr para secarnos, cosa que llevó a que nos odiáramos a muerte y empezásemos a luchar. Nos despedimos con un apasionado beso y volví con Leo en coche. Nada interesante.
-Pues no. Sólo me encontré con una antigua compañera de clase y estuvimos hablando de los viejos tiempos. – mentí de la manera más natural. Esto me estaba empezando a preocupar… ¿desde cuándo era yo el centro de atención?
Por suerte, se tragaron mi pequeña mentira y siguieron hablando entre sí. Cristina y Lucas estaban discutiendo sobre quién podría haber sido el asesino de la película que dejaron a terminar. Sandra, Lucas y Mabel charlaban sobre algún tema que no conseguía escuchar muy bien debido al enfrentamiento que se estaba dando lugar entre si era el ayudante o el padre de la protagonista.
Yo estaba ausente. Mirando al techo de mi habitación y a las paredes que ahora eran de estampado rojo y negro. Empecé a tararear la melodía de Jesse & Joy que sin saberlo se me había quedado grabado. Podía sentir como Guille me estaba mirando desde uno de los sillones de la habitación. Hice caso omiso y seguí tarareando la canción. Poco a poco habían parado de hablar y solo quedaban Sandra y Ángel.
-Ya llevamos un mes aquí y yo creo que ya estamos listos para un combate cara a cara. – me quedé con el corazón encogido al escuchar aquellas palabras. Si él estaba, tendría que defenderlo con mi vida si era necesario. Todos nos fuimos adentrando en esa conversación poco a poco.
-La verdad es que tienes razón. Todos hemos avanzado lo suficiente para poder enfrentarnos con uno de ellos. Ya es hora de empezar esta batalla. – apostilló Lucas.
-Se harán más fuertes y no lo podemos permitir. – notaba como poco a poco se iba tensando el ambiente. Tenían ansia de luchar, enfrentarse a ellos.
Lo cierto era que ninguno de ellos se había encarado con un attack de verdad… salvo yo. Quería advertirle que no eran tan fáciles de vencer, que eran muy fuertes aún siendo jóvenes. La práctica y la táctica no se realizaban tal cual lo habíamos entrenado, todo era muy rápido y te dejabas llevar por un odio que nunca jamás habíamos experimentado. Pero tenía que estar callada como una tumba sin poder darles mis consejos. Aunque solo hubiese sido Aarón, era mi primer desafío con un attack y eso constataba un hecho importante en mi vida, al margen de que hubiese sido con el chico al que amo.
-Hay que hablar con los entrenadores pronto y avisarles de que ya estamos preparados. – la voz de Guille sonaba eufórica. Todos estaban que se salían de sus asientos de la emoción.
Lucas que estaba tumbado hasta se incorporó y se puso a dar pequeños saltitos en la cama. Cristina me apartó de sus piernas y se sentó al filo para poder crear un corro de todos nosotros. Preparados para hacer frente a un grupo de attacks peligrosos y llenos de ansia.
Me estaban contagiando esas ganas de ir a por ellos. Sabía que podría con todos aquellos, me sentía más fuerte que nunca, de hecho… había derrotado a Aarón. Pero solo podría luchar contra los attacks y dejarme llevar por mis instintos en un lugar donde él no estuviese cerca. Tenía la certeza de que si me dejaba influir por mis poderes acabaría atacándolo y por nada del mundo quería volver a pasar por lo que pasé esta tarde.
-Peque ¿tú no tienes ganas? – me preguntó Ángel.
Cuando regresé de mi mundo me di cuenta que todos me estaban mirando y que se habían dirigido a mí.
-¿Eh?...Sí – respondí sin mucha convicción – Sí. Hay que ir a por ellos. – añadí más segura de mi misma.
Salvo a por Aarón.
-Hoy estás rara. Estás ausente. – enfatizó Mabel. Sentía ese escalofrío en el cuello sabiendo que Guille me estaba observando desde hacía rato.
-No… simplemente estoy un poco cansada. El viaje se me ha hecho largo.
-Pues haberlo dicho antes. Entonces os dejamos, que querréis descansar. – imploró Cristina.
Poco a poco se fueron yendo todos por la puerta dándonos las buenas noches. Mañana era lunes y nos esperaba de nuevo la rutina. Me quedé en la puerta hasta que Sandra se marchó. Estaba mirando la puerta cerrada, de espaldas a mi cama y a Guille. Cogí aire profundamente y fui hasta mi cama.
Él ya me estaba esperando tumbado, pero no con el brazo estirado preparado para que yo me apoyara sobre él como siempre sino con los brazos detrás de la cabeza y mirando al techo. Me tumbé en mi lado de la cama y estuve observándolo un rato. Parecía metido en sus pensamientos. Su rostro era sereno pero reflejaba un tono de incertidumbre en sus ojos oscuros.
-Allegra… ¿qué te pasa? – me pilló por sorpresa que hablara, pero aún seguía mirando al techo.
-Nada. ¿Por qué lo dices? – se volvió para mirarme mejor. Intentaba controlar mi rostro para que no se notara la culpa que ahora me estaba invadiendo.
-No sé…te noto distinta desde que has llegado de la ciudad.
-Lo que pasa es que hablar con…Elisa pues me ha devuelto los recuerdos del instituto y a lo mejor puede que esté un poco ida pensando en el pasado. – notaba como las mentiras me fluían sin ningún tipo de esfuerzo.
Antes de que empezara a sospechar más, lo abracé por el torso y le di un beso corto pero suave. Él insistió de nuevo con más ferocidad pero lo aparté poco a poco.
-Estoy cansada.
-Buenas noches. – se giró dándome la espalda resignado aunque su voz había sido dulce.
-Buenas noches. – me incorporé un poco para besarlo en la mejilla y me giré yo también hacia la parte externa de la cama. Apagué la luz de la mesilla y quedamos a oscuras. La noche de aquel día se echaba sobre nosotros.
Nos habían reunido a todos en la sala común. Movimos los sillones y los pusimos dirigidos hacia el pequeño escenario que había en la esquina donde se encontraba la tele. Nada más terminar de desayunar nos había avisado por megafonía que teníamos que acudir allí. Cuando llegamos a la sala común me di cuenta de que había más personas de lo habitual en la residencia. Todos los inmunitas de los países de alrededor habían venido para esta reunión. Debía de ser muy importante. Éramos como unos doscientos, redondeando. En el pequeño tablado se encontraban tanto los entrenadores más mayores como los menos jóvenes, como mi abuela. Todos en silencio, pendientes de lo que nos deparaba.
-Señores… hoy a lunes 4 de septiembre, vuestro rumbo y vuestro objetivo cambiarán totalmente. – avisó Pepe, el entrenador de espadas.
Todos nos quedamos sumamente sin habla. ¿Qué era lo que nos deparaba?
Con un beso largo y lleno de dulzura y pasión acabamos esa tarde, esa noche que ahora empezaba y la cuál me tocaba afrontar ahora. Aarón tenía sus manos enredadas en mi pelo y mis brazos estaban rodeando su cuerpo.
-No me quiero separar de ti. Se me va a hacer muy largo el no respirar tu olor, el no escuchar tu corazón, el no sentir tus labios… ya paro. Allegra que solo va a ser un día. Para ya. – me decía a mi misma mientras él se reía de mis palabras y me alborotaba más el pelo.
-Si esto empieza así… ¿cómo acabará? – habló metido entre mis cabellos.
-Mejor no pensarlo.
Un último beso antes de mañana. Una retirada de cuerpos. Un despegue de manos unidas.
-Ten cuidado hasta llegar al garaje, que nunca se sabe quién puede andar por ahí suelto.
-Creo que sé defenderme bien solita. Te quiero.
-Yo más.
Me encaminé hacia el garaje que estaba a un paseíto bien largo. Tendría que andar a paso muy ligero para poder llegar a tiempo. Aún así, estaba a quince minutos andando. Así tenía tiempo para reflexionar y poner en orden mis ideas.
Lo que más ocupaba mi atención ahora era los poderes. Si mi teoría fuese cierta… en ese caso no podría correr junto a Aarón hasta que no tuviésemos control al cien por cien de nosotros mismos. Tampoco podría poner mucho esfuerzo en usarlos ya que estarían al límite y saldrían por sí solos si no los tenía totalmente controlados. Aunque eso no me preocupaba demasiado. Preferiría ser una pareja normal como el 95 por ciento de las personas. Una pareja que se peleaban, que se amaban, que se divertían sin pensar en matarse mutuamente… aunque claro…era nuestra naturaleza y yo no me avergonzaría jamás de sentir ese odio hacia los attacks. Pero ese no era el punto… lo que más me llamaba la atención era el desarrollo de nuevos poderes en mi primer encuentro oficial con un attack y viceversa. Podría ser que al haber una unión tan fuerte entre nosotros, esa unión se hubiera vuelto en contra y ese odio era el mismo amor entre nosotros pero el opuesto. Me estaba haciendo un lío yo sola y no podía crear teorías sin saber más al respecto. Alguna vez tendría que sacar ese tema con mi abuela o con los profesores.
Después también estaba lo que me esperaba esta noche… no sabía cómo iba a mirarle a la cara a Guille después de todo lo que había hecho por mí. Era mi mejor amigo… pero siempre se había quedado ahí. No traspasaba más de esa barrera. Me atraía físicamente, eso no lo podía negar. Pero solo era atracción. Desearía con todas mis fuerzas poder corresponderle pero era algo inevitable y es que las cosas del corazón son impredecibles. No sabes nunca quién se puede colar en tu corazón para dejarte una huella y no poderla borrar.
Tendría que inventarme una buena banda de excusas para contarles a Leo, Guille y los demás. Aunque no creo que me pidiesen muchas explicaciones. Podía ver el futuro en un plis y no tener que pensar mucho, pero había decidido no ojearlo a menos que fuese estrictamente necesario. Pensaba que si estuviese todo el día mirando mi mente dejaría de trabajar como una persona normal. Y eso es lo que quería. Aparentar una chica simple y sencilla.
-Menos mal… ya creía que tenía que esperar una hora más. Qué aburrimiento. Recuérdame que no te traiga más a la ciudad. – Estalló Leo cuando me vio aparecer en el garaje.
-Tampoco es para tanto chaval. Para una vez que podías ver gente fuera de la residencia… - sabía que ahora tocaba la pregunta clave.
-Y bueno… ¿Qué has estado haciendo hasta estas horas? – cotilleó mientras arrancaba el coche y salíamos de allí.
Miré hacia la ventanilla intentando ocultar mi vacilación.
- Me había entretenido mirando escaparates. – fruncí el ceño al escuchar mis propias palabras. Sonaban tan absurdas…
-¿Y no has comprado nada? – preguntó con un cierto tono de incredulidad en la voz.
-No… aunque tampoco he estado todo el tiempo mirando tiendas. – Intenté salirme por la tangente - También he estado un rato en el parque… y allí me encontré con una compañera de clase. Por eso me he retrasado más. – eso sonaba mejor. Me sorprendía a mi misma por haber mejorado en las excusas. Solo faltaba que Leo no fuese a ver lo que en realidad había hecho en toda la tarde.
-Eso está bien. Ahora comprendo mejor. Pero podrías habérmelo dicho y me la hubieras presentado ¿no? – me volví para ver su rostro.
Leo era moreno de piel. Pelirrojo y con pecas por la cara. Su nariz era demasiado puntiaguda y sus ojos excesivamente pequeños. Estaba fuerte, como todos, pero algo delgado. Se estaba riendo mientras miraba a la carretera. Su cara reflejaba picardía.
-Tiene novio. Lo siento. – me encogí de hombros.
Palmeó el volante con un golpe fuerte haciendo ver que estaba desilusionado. Ambos reímos. Estuvimos bastante tiempo sin hablar. Simplemente escuchando su música. Empezó a sonar una con la cual me sentía totalmente identificada sobre Guille y yo. Esa letra me llegó al corazón.
-¿Cómo se llama esta canción? Es muy bonita.
-Somos lo que fue. Es de Jesse & Joy.
-Vaya… pues es realmente preciosa.
-Yo creía que no te gustaba este tipo de música.
-Digamos que he aprendido a escuchar cualquier clase de música y aprender a escuchar su letra.
-Eso está bien. Siempre hay que tener cultura musical.
Aunque ya no seguimos hablando, esa canción la tenía guardada dentro de mí. Era un anticipo de lo que me esperaba.
Después de tres cuartos de hora de viaje, por fin llegamos a la residencia. El corazón me latía con fuerza al saber lo que me esperaba ahora. Preguntas, mentiras, tensión, culpa… mierda… quería volver atrás. Llegamos tarde para la cena por lo que esta noche no cenaríamos. A mí me daba igual. No tenía hambre, pero sentía cierta pena por Leo al ver todo lo que había hecho por mí.
Fui hacia mi habitación donde me esperaba Guille. Respiré hondo antes de entrar y cogí valor para poder mirarlo a la cara sin sentir tanta vergüenza. Un giro de llaves y entré. Luz apagada. Qué raro… no estaba allí. Ni siquiera me había llamado en toda la tarde.
El móvil…mierda. Se cayó al agua también. Lo saqué del bolsillo del pantalón. Estaba totalmente empapado. Intenté secarlo, encenderlo… nada. Menos mal que era uno antiguo. Pero ahora eso no importaba… lo que resultaba raro era que no estaba en mi habitación. ¿Le habría dado por ver lo que estaba haciendo? Como fuera así… en este momento toda la residencia estaría preparada para salir a luchar contra los attacks.
Alarmada por lo que pudiera pasar, toqué en la habitación de Mabel que estaba en frente de la mía. Nadie contestaba… estaba empezando a preocuparme seriamente. Antes de volverme histérica, lo intenté de nuevo con mi vecino de al lado. Sergio. Un tipo bastante peculiar. Era uno de los niveles más bajos, le costaba aprender tácticas nuevas. Siempre estaba retirado del grupo. Si él no estaba… ya tendría que recurrir a las visiones, aunque no sabía cómo, si no tenía a nadie cerca para poder verlo. Tardaba bastante en abrir la puerta. Supuse que no había nadie. Mi corazón latía a mil por hora. Estaba hiperventilando y sin color en la cara. El primer encuentro después de tanto tiempo con la persona que más amo y ya podría ser que estuviese muerto. Sentía como me temblaban las piernas. Pero alguien abrió la puerta después de demasiado tiempo, diría yo.
-¿Qué quieres? – estaba despeinado. Llevaba una camiseta lisa de pijama y unos pantalones cortos un poco subidos al ombligo para mi gusto. Parecía que lo había despertado.
Miré la hora preocupada de que fuera muy tarde. Las once y media. Tampoco era para tanto. Pero al ver que estaba allí y probablemente dormido, todos los tembleques y los sudores de terror desaparecieron de mi cuerpo.
-Esto… - corre piensa en algo - ¿sabes dónde está Mabel? Es que no la encuentro. – fue lo primero que se me ocurrió.
-Pues no. ¿Para eso me despiertas? Si ya sabes de sobra que yo no estoy con vuestro grupito. – la última palabra la pronunció con desprecio.
-Lo siento. Sólo estaba preguntando. – le respondí con la misma arrogancia.
Cerró la puerta de golpe. Será estúpido el niñato…
Me metí de nuevo en la habitación. Al menos sabía que no se había emprendido ninguna tregua para luchar. Ya más tranquila, me duché y me puse ropa cómoda para estar por allí. Fui a la sala común para ver si estaban mis amigos.
En efecto, llegué y allí estaban todos. En la sala común se encontraba la televisión más grande de toda la residencia. 65 pulgadas de pantalla colgada en la pared. En el suelo estaban todos los sillones “puff” esparcidos por toda la habitación. Había una mesa de cristal un tanto larga detrás de los sillones con sus correspondientes sillas. Al otro lado de la habitación, tres mesas de billar. Pegada a la puerta, se encontraba unas encimeras de cocina con una mini nevera siempre llena de bebidas.
Todos estaban allí viendo otra película. Sandra y Adrián lideraban las esquinas. Al lado de Sandra estaba Lucas apoyado en las piernas de Cristina. Ella, a su vez estaba descansando en el costado de Ángel y así una cadena sucesiva donde todo el mundo tenía alguna parte del cuerpo apoyada en otra persona. Estaba allí casi toda la residencia. Todos en silencio miraban con atención a la película. Pero no vi ni a Guille ni a Mabel.
Escuché el impacto de dos bolas de billar chocar al final de la habitación por lo que me asomé y vi que allí estaban los dos jugando. El corazón me empezó a latir desbocadamente cuando me acerqué y los saludé con la mano.
-¡Aquí está la desaparecida! ¿Dónde te habías metido? – preguntó Mabel desinteresadamente mientras buscaba el ángulo preciso en la bola blanca para intentar colar aquella de color verde que tan cerca estaba de caer.
-Es que hemos llegado más tarde porque me encontré con una compañera de clase y estuvimos hablando bastante tiempo. – le solté la misma mentira que le había contado a Leo.
Intentaba evitar a toda costa la mirada de Guille pero se acercó a mí y no tuve más remedio que darle un beso en los labios.
Ahora que los probaba nuevamente… no me parecían ni mucho menos la mitad de dulces que los de Aarón. Lo que me hacía sentir aún más miserable.
-¿Te lo has pasado bien? – preguntó mientras me rodeaba por la cintura y me miraba con picardía.
-Sí. Ha sido una tarde interesante. – eso se quedaba corto.
No comprendía cómo podía mirar esos ojos negros y besar esos labios sabiendo que había estado con otro. Pero lo estaba consiguiendo y lo que me preocupaba era que no sentía la menor pizca de remordimiento a la hora de la verdad.
Me quedé con ellos mirando la partida. Donde ganó Mabel gracias a Guille que por un error de cálculo había metido la negra antes de tiempo.
-Aunque no hubieses metido la negra te hubiera ganado igual. – empezó a fardar Mabel mientras le daba una palmada en los abdominales a mi novio.
-Eso es lo que te crees. Si no hubiera sido por mi fallo técnico ya verías quién hubiera ganado. – Guille la inmovilizó cogiéndola del cuello y revoloteándole el pelo con el otro brazo libre.
-¡Déjame! – se escuchó un siseo al principio de la sala donde estaban todavía viendo la película.
Mabel lo agarró con fuerza por el costado y lo tiró al suelo cayendo ella encima de él. Sus rostros estaban a escasos centímetros. Noté como algo fluía entre ellos dos. Quizá fuera simple amistad pero la forma en que Mabel miró a mi novio me hizo pensar que quizá sintiera algo por él. Nunca habíamos hablado sobre eso antes.
En otras circunstancias, este gesto de tonteo me hubiese molestado bastante, pero estaba demasiado ensimismada pensando en los besos de Aarón, que apenas fui consciente de la situación y solo hacía reírme de ellos.
Guille se deshizo de ella fácilmente cogiéndola por la cintura y elevándola hacia un lado, para luego dejarla caer en el suelo.
-Te vas a enterar… cuando menos te lo esperes…ahí estaré yo para atacarte. ¡Capullo! – se pusieron en pie y los tres reímos a una. Otro siseo advirtió que nos calláramos.
Siempre estaban peleándose los dos. Parecían unos niños chicos pero ese flujo de miradas que había habido antes no se había reflejado antaño. Nos acercamos donde estaba todo el mundo. La película era de suspense, por lo que estaban en tensión. Nos sentamos al lado de nuestro grupo. Mabel se acomodó en la tripa de Sandra y Guille en las piernas de Mabel. Me hizo el gesto de que me apoyase en su regazo pero le dije que no. Él se encogió de hombros y empezó a ver la película.
Me encontraba allí de pie donde todos me daban la espalda para ver la televisión. No tenía ganas de hacer nada, solo de tirarme en mi cama y pensar en él. Me dirigí a mi habitación sin avisar a nadie. Ya vendría Guille luego.
Directa, me dejé caer sobre la cama con los brazos en cruz. Sólo podía pensar en sus besos y sus caricias, en sus ojos. En los silencios llenos de amor…Sentía que la noche entera sería corta para soñar con él y que el día era poco para añorarlo…El mundo era perfecto cuando estábamos juntos. Y eso que nada más había sido una tarde. Una…de muchas que nos esperaban. Sonaban a cursiladas pero era todo lo que mi corazón desbordaba. No podía evitar una sonrisa de cara a cara.
Alguien llamó a la puerta. Abrí sin mirar antes quién era. Una avalancha del grupo llenó mi habitación. Sandra, Cristina, Guille, Ángel, Lucas, Mabel entraron por la puerta uno por uno y se acomodaron en la cama y en los sillones.
-¿Esto qué es hoy?
-Pues nada…que ha acabado la peli y cómo no te veíamos pues hemos decidido darte una visita. – informó Lucas mientras acomodaba un cojín y se tumbaba en mi cama.
-Mentira, no ha acabado la peli, es que todos estaban muertos de miedo y no han aguantado ver el final. – aclaró Sandra desde mi sillón.
La dueña de la habitación era la única que estaba de pie. Demasiado lenta para coger un sitio.
-Y por eso tú también te has venido, porque la película era un rollo ¿no? – ironicé.
-Claro. Si no me hubiera quedado allí. – desvió la mirada con una sonrisa en la boca que indicaba todo lo contrario a lo que ella había dicho.
Empezamos a reírnos. Intenté hacer un hueco en algún lugar de mi cama. Me acomodé en las piernas de Cristina dejando las mías colgando de la cama.
-Peque ¿qué tal por la ciudad? ¿Algo interesante? – preguntó Cristina mientras me tocaba el pelo.
¿Por qué todo el mundo se tenía que interesar en lo que había hecho esta tarde? ¿Es que tanto le interesaba mi vida o había algo detrás de toda aquella reunión de amigos? Fuera lo que fuese, tenía que seguir mintiendo.
-Hacía mucho tiempo que no iba por allí. Es muy bonito. Unos parques preciosos.
Sobre todo en el que me encontré con Aarón y donde hemos compartido esos besos. – pensé.
-Eso ya lo sabemos… pero ¿has hecho algo interesante? – advirtió Lucas que estaba al lado de Cristina.
Me encontré con un attack del que estoy enamorada. Empezamos a hablar como pacíficos ciudadanos, cosa que acabó en una confesión de sentimientos. Nos abrazamos y estuvimos besándonos toda la tarde, luego me llevó a un paseo en barca donde los dos nos caímos al agua. Empezamos a correr para secarnos, cosa que llevó a que nos odiáramos a muerte y empezásemos a luchar. Nos despedimos con un apasionado beso y volví con Leo en coche. Nada interesante.
-Pues no. Sólo me encontré con una antigua compañera de clase y estuvimos hablando de los viejos tiempos. – mentí de la manera más natural. Esto me estaba empezando a preocupar… ¿desde cuándo era yo el centro de atención?
Por suerte, se tragaron mi pequeña mentira y siguieron hablando entre sí. Cristina y Lucas estaban discutiendo sobre quién podría haber sido el asesino de la película que dejaron a terminar. Sandra, Lucas y Mabel charlaban sobre algún tema que no conseguía escuchar muy bien debido al enfrentamiento que se estaba dando lugar entre si era el ayudante o el padre de la protagonista.
Yo estaba ausente. Mirando al techo de mi habitación y a las paredes que ahora eran de estampado rojo y negro. Empecé a tararear la melodía de Jesse & Joy que sin saberlo se me había quedado grabado. Podía sentir como Guille me estaba mirando desde uno de los sillones de la habitación. Hice caso omiso y seguí tarareando la canción. Poco a poco habían parado de hablar y solo quedaban Sandra y Ángel.
-Ya llevamos un mes aquí y yo creo que ya estamos listos para un combate cara a cara. – me quedé con el corazón encogido al escuchar aquellas palabras. Si él estaba, tendría que defenderlo con mi vida si era necesario. Todos nos fuimos adentrando en esa conversación poco a poco.
-La verdad es que tienes razón. Todos hemos avanzado lo suficiente para poder enfrentarnos con uno de ellos. Ya es hora de empezar esta batalla. – apostilló Lucas.
-Se harán más fuertes y no lo podemos permitir. – notaba como poco a poco se iba tensando el ambiente. Tenían ansia de luchar, enfrentarse a ellos.
Lo cierto era que ninguno de ellos se había encarado con un attack de verdad… salvo yo. Quería advertirle que no eran tan fáciles de vencer, que eran muy fuertes aún siendo jóvenes. La práctica y la táctica no se realizaban tal cual lo habíamos entrenado, todo era muy rápido y te dejabas llevar por un odio que nunca jamás habíamos experimentado. Pero tenía que estar callada como una tumba sin poder darles mis consejos. Aunque solo hubiese sido Aarón, era mi primer desafío con un attack y eso constataba un hecho importante en mi vida, al margen de que hubiese sido con el chico al que amo.
-Hay que hablar con los entrenadores pronto y avisarles de que ya estamos preparados. – la voz de Guille sonaba eufórica. Todos estaban que se salían de sus asientos de la emoción.
Lucas que estaba tumbado hasta se incorporó y se puso a dar pequeños saltitos en la cama. Cristina me apartó de sus piernas y se sentó al filo para poder crear un corro de todos nosotros. Preparados para hacer frente a un grupo de attacks peligrosos y llenos de ansia.
Me estaban contagiando esas ganas de ir a por ellos. Sabía que podría con todos aquellos, me sentía más fuerte que nunca, de hecho… había derrotado a Aarón. Pero solo podría luchar contra los attacks y dejarme llevar por mis instintos en un lugar donde él no estuviese cerca. Tenía la certeza de que si me dejaba influir por mis poderes acabaría atacándolo y por nada del mundo quería volver a pasar por lo que pasé esta tarde.
-Peque ¿tú no tienes ganas? – me preguntó Ángel.
Cuando regresé de mi mundo me di cuenta que todos me estaban mirando y que se habían dirigido a mí.
-¿Eh?...Sí – respondí sin mucha convicción – Sí. Hay que ir a por ellos. – añadí más segura de mi misma.
Salvo a por Aarón.
-Hoy estás rara. Estás ausente. – enfatizó Mabel. Sentía ese escalofrío en el cuello sabiendo que Guille me estaba observando desde hacía rato.
-No… simplemente estoy un poco cansada. El viaje se me ha hecho largo.
-Pues haberlo dicho antes. Entonces os dejamos, que querréis descansar. – imploró Cristina.
Poco a poco se fueron yendo todos por la puerta dándonos las buenas noches. Mañana era lunes y nos esperaba de nuevo la rutina. Me quedé en la puerta hasta que Sandra se marchó. Estaba mirando la puerta cerrada, de espaldas a mi cama y a Guille. Cogí aire profundamente y fui hasta mi cama.
Él ya me estaba esperando tumbado, pero no con el brazo estirado preparado para que yo me apoyara sobre él como siempre sino con los brazos detrás de la cabeza y mirando al techo. Me tumbé en mi lado de la cama y estuve observándolo un rato. Parecía metido en sus pensamientos. Su rostro era sereno pero reflejaba un tono de incertidumbre en sus ojos oscuros.
-Allegra… ¿qué te pasa? – me pilló por sorpresa que hablara, pero aún seguía mirando al techo.
-Nada. ¿Por qué lo dices? – se volvió para mirarme mejor. Intentaba controlar mi rostro para que no se notara la culpa que ahora me estaba invadiendo.
-No sé…te noto distinta desde que has llegado de la ciudad.
-Lo que pasa es que hablar con…Elisa pues me ha devuelto los recuerdos del instituto y a lo mejor puede que esté un poco ida pensando en el pasado. – notaba como las mentiras me fluían sin ningún tipo de esfuerzo.
Antes de que empezara a sospechar más, lo abracé por el torso y le di un beso corto pero suave. Él insistió de nuevo con más ferocidad pero lo aparté poco a poco.
-Estoy cansada.
-Buenas noches. – se giró dándome la espalda resignado aunque su voz había sido dulce.
-Buenas noches. – me incorporé un poco para besarlo en la mejilla y me giré yo también hacia la parte externa de la cama. Apagué la luz de la mesilla y quedamos a oscuras. La noche de aquel día se echaba sobre nosotros.
Nos habían reunido a todos en la sala común. Movimos los sillones y los pusimos dirigidos hacia el pequeño escenario que había en la esquina donde se encontraba la tele. Nada más terminar de desayunar nos había avisado por megafonía que teníamos que acudir allí. Cuando llegamos a la sala común me di cuenta de que había más personas de lo habitual en la residencia. Todos los inmunitas de los países de alrededor habían venido para esta reunión. Debía de ser muy importante. Éramos como unos doscientos, redondeando. En el pequeño tablado se encontraban tanto los entrenadores más mayores como los menos jóvenes, como mi abuela. Todos en silencio, pendientes de lo que nos deparaba.
-Señores… hoy a lunes 4 de septiembre, vuestro rumbo y vuestro objetivo cambiarán totalmente. – avisó Pepe, el entrenador de espadas.
Todos nos quedamos sumamente sin habla. ¿Qué era lo que nos deparaba?




No hay comentarios:
Publicar un comentario