
3 ORGANIZACIÓN
Todas las imágenes me vinieron de golpe, como una película antigua o justo como cuando estás a punto de morir y ves toda tu vida pasar por delante. Pero esto no era mi vida en un rollo de película, las imágenes que vi en mi mente eran muy distintas ya que no me pertenecían. No era yo la que salía en ninguna de ellas. Sólo pude ver a personas gritando de puro pánico en un entorno bastante conocido. Esa calle por la cual había pasado millones de veces, antes de llegar al instituto. Árboles por ambos lados de la acera, carretera de dos sentidos, comercios de todo tipo, el supermercado donde iba siempre a comprar cuando mi madre me encargaba algo, la tienda de chucherías donde iba con Natalia cuando estábamos de bajón, el parque donde jugaban los niños alegremente mientras las abuelas y las madres se sentaban en los bancos de este mientras hablaban tranquilamente sobre su vida… Era la calle que siempre tenía que cruzar antes de llegar al instituto, pero en mi mente, las personas que andaban por allí tranquilamente se tapaban los oídos, se revolvían de dolor, los conductores de los coches se paraban a mitad de la carretera debido a que no podían seguir por un fuerte dolor de cabeza y en una parte de la acera, cerca donde se encontraban las pobres personas sufriendo ese dolor, se hallaba una sombra negra. No se podía distinguir quien era, pero esa persona era la responsable de ese dolor.
Todas las imágenes me vinieron de golpe, como una película antigua o justo como cuando estás a punto de morir y ves toda tu vida pasar por delante. Pero esto no era mi vida en un rollo de película, las imágenes que vi en mi mente eran muy distintas ya que no me pertenecían. No era yo la que salía en ninguna de ellas. Sólo pude ver a personas gritando de puro pánico en un entorno bastante conocido. Esa calle por la cual había pasado millones de veces, antes de llegar al instituto. Árboles por ambos lados de la acera, carretera de dos sentidos, comercios de todo tipo, el supermercado donde iba siempre a comprar cuando mi madre me encargaba algo, la tienda de chucherías donde iba con Natalia cuando estábamos de bajón, el parque donde jugaban los niños alegremente mientras las abuelas y las madres se sentaban en los bancos de este mientras hablaban tranquilamente sobre su vida… Era la calle que siempre tenía que cruzar antes de llegar al instituto, pero en mi mente, las personas que andaban por allí tranquilamente se tapaban los oídos, se revolvían de dolor, los conductores de los coches se paraban a mitad de la carretera debido a que no podían seguir por un fuerte dolor de cabeza y en una parte de la acera, cerca donde se encontraban las pobres personas sufriendo ese dolor, se hallaba una sombra negra. No se podía distinguir quien era, pero esa persona era la responsable de ese dolor.
Y…todo cesó. Volví a estar en el instituto, agachada recogiendo los libros y el chico ayudándome. Di un salto hacia atrás sobresaltada por lo que acababa de ver sentándome en el suelo y con los brazos extendidos apoyados en las rodillas. Entonces fue cuando miré a la cara al chico que me estaba ayudando. La sangre huyó de mi cara cuando vi que el chico con el que me había topado y con el que al tocarle había tenido esas imágenes tan raras era Aarón. De nuevo, nuestras miradas se encontraron una vez más y mi cabeza empezó a dolerme de tal forma que apenas mi mente podía enviar la señal de contraer los músculos para moverme. Tuve que meter la cabeza entre las rodillas y taparme los oídos para no oír ese tremendo pitido que al parecer solo oía yo, ya que todos estaban riéndose a carcajadas de mí.
-¿Te encuentras bien?
Su voz aterciopelada me sorprendió, escondía alguna preocupación que sin duda no era para mí, sino más bien parecía con el hecho de llamar la atención. No quería hacer el ridículo estando a mi lado por lo que me tendió la mano para ayudarme a levantar, pero no era capaz de articular palabra alguna para responderle. Negué con la cabeza sin mirarle a la cara y se esfumó de allí, a pesar de que le había dicho que no.
Parecía algo imposible, puede que ni siquiera fuera culpa de él, pero cuando se marchó de mi vista, todo ese dolor de cabeza que estaba sufriendo se esfumó. Mi mente volvió a funcionar y pude ordenar mis ideas mientras que me levantaba del suelo y recogía los libros que se habían caído.
Estaba totalmente aturdida, ¿Qué era lo que acababa de ocurrir? ¿Realmente había visto imágenes como si me las hubieran proyectado? ¿Era posible eso? Esto sobrepasaba mis límites. Jamás en la vida había pensado ni siquiera en el más mínimo instante tener la capacidad de ver imágenes en mi cabeza. Ya era bastante con eso de soñar todos los días, – aunque ahora no lo hiciese – de sentir esos escalofríos y temores cuando veía a Aarón, pero de ahí a ver visiones en mi cabeza eso era pasarse de la raya.
Algo tenía que haber en mí para que me sucedieran estas cosas, quizás un cromosoma mal creado, alguna parte del cerebro que no funcionase correctamente o que no me llegase bien la información al hipotálamo, pero algo raro tenía seguro.
Normalmente siempre solía intentar averiguar o solucionar un problema cuando se me presentaba, pero cuando no tenía base para descubrir lo que pasaba, lo apartaba a un rinconcito de mi mente intentando no pensar en ello. Cuando me pasó lo de Aarón, no tenía ninguna información para hallar el motivo por el cual ocurría eso, pero ahora al menos tenía algo en lo que buscar. Visiones. Esto era realmente absurdo, ni la mejor bruja de esoterismo era capaz de ver tales cosas, pero yo, por una inexplicable razón – al menos por ahora ya que no había buscado en internet – podía visionar imágenes que no me correspondían.
Pero mientras tanto, tenía que seguir con mi vida, con mi rutina. Lo de las visiones estaba muy presente en mí pero podría ser que nada más hubiese sido un lapsus producto de mi imaginación. Aarón me tenía totalmente atontada, realmente no me caía bien este chico, causaba demasiados cambios en mi vida. No lo quería volver a ver más. No quería tocarle, no quería mirarle a los ojos, se había metido en mi vida sin yo darle permiso y me estaba haciendo sufrir. Tenía que pasar página y dejar que todo pasase, si los casos extraños seguían ocurriendo entonces ya me preocuparía, pero no ahora. Ahora tocaba vivir.
Las clases terminaron y ya tocaba irse a casa. Hoy me haría unos macarrones con boloñesa, necesitaba hidratos para mantener las fuerzas, las pocas que me quedaban. Natalia y yo nos despedimos en la puerta del instituto, ella tiraba dirección opuesta a la mía. Me disponía ya a ponerme los auriculares del mp3 y echar a andar a mi casa cuando escuché a alguien gritar mi nombre.
Algo tenía que haber en mí para que me sucedieran estas cosas, quizás un cromosoma mal creado, alguna parte del cerebro que no funcionase correctamente o que no me llegase bien la información al hipotálamo, pero algo raro tenía seguro.
Normalmente siempre solía intentar averiguar o solucionar un problema cuando se me presentaba, pero cuando no tenía base para descubrir lo que pasaba, lo apartaba a un rinconcito de mi mente intentando no pensar en ello. Cuando me pasó lo de Aarón, no tenía ninguna información para hallar el motivo por el cual ocurría eso, pero ahora al menos tenía algo en lo que buscar. Visiones. Esto era realmente absurdo, ni la mejor bruja de esoterismo era capaz de ver tales cosas, pero yo, por una inexplicable razón – al menos por ahora ya que no había buscado en internet – podía visionar imágenes que no me correspondían.
Pero mientras tanto, tenía que seguir con mi vida, con mi rutina. Lo de las visiones estaba muy presente en mí pero podría ser que nada más hubiese sido un lapsus producto de mi imaginación. Aarón me tenía totalmente atontada, realmente no me caía bien este chico, causaba demasiados cambios en mi vida. No lo quería volver a ver más. No quería tocarle, no quería mirarle a los ojos, se había metido en mi vida sin yo darle permiso y me estaba haciendo sufrir. Tenía que pasar página y dejar que todo pasase, si los casos extraños seguían ocurriendo entonces ya me preocuparía, pero no ahora. Ahora tocaba vivir.
Las clases terminaron y ya tocaba irse a casa. Hoy me haría unos macarrones con boloñesa, necesitaba hidratos para mantener las fuerzas, las pocas que me quedaban. Natalia y yo nos despedimos en la puerta del instituto, ella tiraba dirección opuesta a la mía. Me disponía ya a ponerme los auriculares del mp3 y echar a andar a mi casa cuando escuché a alguien gritar mi nombre.
-¡Allegra! ¡Allegra!
La voz me resultaba familiar pero no podía imaginar quien podría ser. Me di la vuelta para ver quién me llamaba. Mi rostro cambió de color cuando vi quien era. No me lo esperaba en absoluto. Me pilló desprevenida. No quería volver a pasar por eso otra vez, así que le di la espalda y seguí adelante dispuesta a darle al play de mi mp3 cuando vi en la sombra de la acera que Aarón estaba dispuesto a agarrarme del brazo para que me diera la vuelta. No quería que me tocara jamás por lo que me aparté lo más rápido que pude y me giré para lanzarle una mirada hostil. Cuando nuestras miradas se encontraron me empezó a doler la cabeza como si me estuviesen dando martillazos y la sensación que siempre me provocaba de miedo y pánico me inundaron, pero hice un esfuerzo superior al que cabía esperar con tan pocas fuerzas, para hablarle.
-¿Qué quieres? – Mi voz sonó cortante.
-Quería preguntarte si te encuentras mejor. – Frunció el ceño. Su voz ocultaba una nota de preocupación. Se mostró bastante amable, pero a mí me seguía doliendo tanto la cabeza que deseaba que se fuera.
-Hasta que has aparecido tú si me encontraba bien. Gracias.
Hice el ademán de marcharme, otra vez estuvo a punto de tocarme. Me aparté rápidamente.
-No me toques. – le ordené
-Perdona.
-¿Cómo sabes mi nombre?
-Porque lo sé y punto. – Me respondió con voz tajante. Su intento de ser cortés desapareció de su rostro.
-Bueno ya has cumplido. ¿Algo más? – Si él empezaba a ser borde, a ver quién era capaz de ganarme.
-No, solo quería ser amable contigo, pero ya veo que no se puede.
-Pues no, no se puede.
-Adiós. – Me tendió la mano para que se la estrechara.
-No pienso dártela. No nos conocemos de nada. ¿O acaso te tengo que agradecer que me recogieras los libros? Para eso es lo que has venido ¿verdad? Eres igual que los demás. – bajó la mano. Su rostro empezaba a pasar por la furia.
-Piensa lo que quieras. Pensé que eras más madura que los niñatos que hay aquí, pero veo que no. Podrías ser educada al menos y estrecharme la mano.
De repente no oía a nadie. Un pitido no dejaba de lastimarme el tímpano y la cabeza empezó a dolerme aún más. Parecía que me iba a explotar allí mismo. Me iba a tirar al suelo de un momento a otro, pero no quería que me viese en ese estado de vulnerabilidad, demasiado para mi orgullo.
-Vete. Me da igual lo que pienses. ¡Vete! – farfullé antes de ponerme a gritar del dolor.
Por suerte, me hizo caso y se fue, tirando calle abajo con la mochila en la espalda y los puños cerrados. Vi como pisoteaba la acera con tanta fuerza que parecía que se habría huellas a su paso. Cuando se dio la vuelta me acuclillé y puse la cabeza entre las rodillas, lo mismo que había hecho esta mañana. Al cabo de treinta segundos el dolor cesó y vi como Aarón había desaparecido de mi visión.
Resultaba extraño que cada vez que se acercaba me empezaba a doler la cabeza después del encontronazo que tuvimos hoy, pero de todos modos, siempre ocurría algo raro cuando estaba cerca de mí.
Llegué a mi casa aturdida, como últimamente. Me preparé los macarrones y comí en la cocina mientras veía la tele. En un canal donde nadie ve nunca, que siempre suelen estar a partir del número veinte, vi una mujer vestida muy estrafalaria. Ya con sus cincuenta y muchos años, llevaba una blusa de flores de hace más de diez años, una falda larga por los tobillos de color morado, un pañuelo con panderetas atado a la cintura y en la cabeza llevaba un moño que lo ocultaba con un paño de color amarillo que en su momento sería amarillo llamativo pero que con el paso del tiempo se fue descoloriendo. Estaba sentada delante de una mesa hablando con otra mujer, ésta menos llamativa pero igual de mayor. Debajo de la pantalla ponía un número que empezaba por nueve cero…, los típicos que querían venderte algún aparato estúpido o que llamases para gastar toda tu tarifa. Estaba a punto de cambiar de canal, pero escuché a la mujer estrafalaria decirle a la otra que había visto en su visión que su marido le estaba siendo infiel. En su visión… ¿podría ser que de verdad estuviera viéndolo? ¿O era simplemente una trampa más como de tantas para sacar dinero? Me di cuenta que era la segunda opción cuando la mujer que parecía ser la vidente intentaba mirar debajo de la mesa para sacar la información que la otra mujer le había preguntado. Pasé de canal inmediatamente y seguí comiendo.
Cuando terminé, fregué los platos y subí a mi habitación a buscar por internet. Palabra clave: visiones. No sirvió de mucho la verdad, solo salían resultados de películas, imágenes de engaño óptico, y foros de gente contando sus sueños “premonitorios”. Dejé la búsqueda dado que internet hoy en día, contaba más historias falsas de las que realmente eran.
Si realmente me iba a obsesionar con esto de las visiones, mi mente ya no podría soportarlo más y se bloquearía volviéndome esquizofrénica, por lo que era mejor apartarlo a un lado – como tantas veces había hecho ya en estos días – , pero el caso era que siempre que apartaba los problemas a un lado, siempre acababa echándoseme encima.
Intenté hacer los deberes pero me venían imágenes de lo sucedido con Aarón. Estos casos extraños paranormales no podían pasar en una ciudad tan perfecta. ¿Desde cuándo existía en el mundo real lo sobrenatural? Había leído cantidades de libro sobre literatura fantástica, pero que ocurriera en la realidad… ¿Acaso había estado cegada demasiado tiempo con este entorno? ¿Me habían absorbido parte de mi esencia al estar rodeada de tanta gente pija y ensimismada? Preferiría pensar que esto llegaba con el paso del tiempo a todos los lugares del mundo, antes de ni siquiera pensar la idea de que se me había pegado algo de esta gente tan… tiquismiquis.
La tarde acabó en un plis plas, se me pasó el tiempo rapidísimo al limpiar la casa, hacer las fichas de inglés y trazar un plan para intentar arreglar el asunto de los dolores de cabeza.
Me estaba haciendo la cena pero mis padres llegaron y tuve que preparar tortilla para dos más. Estaban sentados en la mesa de la cocina, ambos, extrañamente callados. Sabía que tenía la vista fija en mí, porque notaba ese cosquilleo en la nuca cuando me observaban y esto solo significaba una cosa: sermón.
-Cariño, ¿Qué es lo que pasa últimamente? – me preguntó mi madre mientras comíamos la tortilla francesa que había preparado.
-Esto…nada ¿Por qué?
-¡¿Cómo que por qué?! – mi padre levantó la voz a tono de enfadado histérico.
- Antonio serénate. A ver Allegra, lo que intentamos decirte tu padre y yo es que últimamente la gente habla de ti cosas muy extrañas, dicen que te ven por las esquinas de las calles, agachada, que tienes pinta de ser una vagabunda en vez de parecer una muchacha de Walterville, te ven que andas arrastrándote y eso nos preocupa hija.
-¿Qué os preocupa? ¿Qué me encuentre mal o que la gente vaya diciendo chismes de la hija de los abogados más prestigiosos de la ciudad?
-¡Allegra! No te permito que nos hables así. O te comportas… - Dejó la frase sin terminar.
- ¿O qué? Qué más da lo que vaya diciendo la gente, vosotros sabéis como soy yo y lo que pienso de las apariencias y si os importa mucho lo que piensen, mandarme a un puto internado donde no pudiese salir jamás, seguro que así me libraría de toda esta mierda.
-¡Se acabó Allegra Ranzzoni! Te vas a tu cuarto ahora mismo y no quiero verte aparecer por el salón ni por la terraza en una semana. A ver qué maneras son hablarles así a tus padres. – Mi familia siempre era como una comisaría de policía, en la que yo era la acusada, mi madre el poli-bueno y mi padre el poli-malo.
Subí sin apenas probar bocado, pataleando con todas mis fuerzas en los escalones, cerré la puerta de mi habitación con toda la energía con la que era capaz y me tumbé en la cama. Al cabo de dos minutos, toda la impotencia que sentía, todas las cosas que me habían pasado en estos días, todo el miedo y la incertidumbre de los extraños casos, salieron al exterior en forma de lágrimas amargas.
No paré de llorar durante una hora seguida, tenía que limpiar mi alma y renovarme por dentro para afrontar lo que me esperaba de aquí en adelante. Me llené de fuerza, me llené de valor, mis ojos estaban tan hinchados que apenas podía pestañear. Después de tranquilizarme bastante y estar pensando en el día siguiente, como iba a afrontar a Aarón, como iba a contarle todas estas locuras del dolor de cabeza, aunque me tomara por tonta, debía de intentar explicárselo para que me evitara lo máximo posible, caí en un profundo sueño del que no quise despertar.
Resultaba extraño que cada vez que se acercaba me empezaba a doler la cabeza después del encontronazo que tuvimos hoy, pero de todos modos, siempre ocurría algo raro cuando estaba cerca de mí.
Llegué a mi casa aturdida, como últimamente. Me preparé los macarrones y comí en la cocina mientras veía la tele. En un canal donde nadie ve nunca, que siempre suelen estar a partir del número veinte, vi una mujer vestida muy estrafalaria. Ya con sus cincuenta y muchos años, llevaba una blusa de flores de hace más de diez años, una falda larga por los tobillos de color morado, un pañuelo con panderetas atado a la cintura y en la cabeza llevaba un moño que lo ocultaba con un paño de color amarillo que en su momento sería amarillo llamativo pero que con el paso del tiempo se fue descoloriendo. Estaba sentada delante de una mesa hablando con otra mujer, ésta menos llamativa pero igual de mayor. Debajo de la pantalla ponía un número que empezaba por nueve cero…, los típicos que querían venderte algún aparato estúpido o que llamases para gastar toda tu tarifa. Estaba a punto de cambiar de canal, pero escuché a la mujer estrafalaria decirle a la otra que había visto en su visión que su marido le estaba siendo infiel. En su visión… ¿podría ser que de verdad estuviera viéndolo? ¿O era simplemente una trampa más como de tantas para sacar dinero? Me di cuenta que era la segunda opción cuando la mujer que parecía ser la vidente intentaba mirar debajo de la mesa para sacar la información que la otra mujer le había preguntado. Pasé de canal inmediatamente y seguí comiendo.
Cuando terminé, fregué los platos y subí a mi habitación a buscar por internet. Palabra clave: visiones. No sirvió de mucho la verdad, solo salían resultados de películas, imágenes de engaño óptico, y foros de gente contando sus sueños “premonitorios”. Dejé la búsqueda dado que internet hoy en día, contaba más historias falsas de las que realmente eran.
Si realmente me iba a obsesionar con esto de las visiones, mi mente ya no podría soportarlo más y se bloquearía volviéndome esquizofrénica, por lo que era mejor apartarlo a un lado – como tantas veces había hecho ya en estos días – , pero el caso era que siempre que apartaba los problemas a un lado, siempre acababa echándoseme encima.
Intenté hacer los deberes pero me venían imágenes de lo sucedido con Aarón. Estos casos extraños paranormales no podían pasar en una ciudad tan perfecta. ¿Desde cuándo existía en el mundo real lo sobrenatural? Había leído cantidades de libro sobre literatura fantástica, pero que ocurriera en la realidad… ¿Acaso había estado cegada demasiado tiempo con este entorno? ¿Me habían absorbido parte de mi esencia al estar rodeada de tanta gente pija y ensimismada? Preferiría pensar que esto llegaba con el paso del tiempo a todos los lugares del mundo, antes de ni siquiera pensar la idea de que se me había pegado algo de esta gente tan… tiquismiquis.
La tarde acabó en un plis plas, se me pasó el tiempo rapidísimo al limpiar la casa, hacer las fichas de inglés y trazar un plan para intentar arreglar el asunto de los dolores de cabeza.
Me estaba haciendo la cena pero mis padres llegaron y tuve que preparar tortilla para dos más. Estaban sentados en la mesa de la cocina, ambos, extrañamente callados. Sabía que tenía la vista fija en mí, porque notaba ese cosquilleo en la nuca cuando me observaban y esto solo significaba una cosa: sermón.
-Cariño, ¿Qué es lo que pasa últimamente? – me preguntó mi madre mientras comíamos la tortilla francesa que había preparado.
-Esto…nada ¿Por qué?
-¡¿Cómo que por qué?! – mi padre levantó la voz a tono de enfadado histérico.
- Antonio serénate. A ver Allegra, lo que intentamos decirte tu padre y yo es que últimamente la gente habla de ti cosas muy extrañas, dicen que te ven por las esquinas de las calles, agachada, que tienes pinta de ser una vagabunda en vez de parecer una muchacha de Walterville, te ven que andas arrastrándote y eso nos preocupa hija.
-¿Qué os preocupa? ¿Qué me encuentre mal o que la gente vaya diciendo chismes de la hija de los abogados más prestigiosos de la ciudad?
-¡Allegra! No te permito que nos hables así. O te comportas… - Dejó la frase sin terminar.
- ¿O qué? Qué más da lo que vaya diciendo la gente, vosotros sabéis como soy yo y lo que pienso de las apariencias y si os importa mucho lo que piensen, mandarme a un puto internado donde no pudiese salir jamás, seguro que así me libraría de toda esta mierda.
-¡Se acabó Allegra Ranzzoni! Te vas a tu cuarto ahora mismo y no quiero verte aparecer por el salón ni por la terraza en una semana. A ver qué maneras son hablarles así a tus padres. – Mi familia siempre era como una comisaría de policía, en la que yo era la acusada, mi madre el poli-bueno y mi padre el poli-malo.
Subí sin apenas probar bocado, pataleando con todas mis fuerzas en los escalones, cerré la puerta de mi habitación con toda la energía con la que era capaz y me tumbé en la cama. Al cabo de dos minutos, toda la impotencia que sentía, todas las cosas que me habían pasado en estos días, todo el miedo y la incertidumbre de los extraños casos, salieron al exterior en forma de lágrimas amargas.
No paré de llorar durante una hora seguida, tenía que limpiar mi alma y renovarme por dentro para afrontar lo que me esperaba de aquí en adelante. Me llené de fuerza, me llené de valor, mis ojos estaban tan hinchados que apenas podía pestañear. Después de tranquilizarme bastante y estar pensando en el día siguiente, como iba a afrontar a Aarón, como iba a contarle todas estas locuras del dolor de cabeza, aunque me tomara por tonta, debía de intentar explicárselo para que me evitara lo máximo posible, caí en un profundo sueño del que no quise despertar.




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